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Mirada a la Sociedad Puertorriqueña desde Finales del XVII hasta 1898 (por Natalia Prats)

Si partimos del metarrelato nacional de Pedreira estaríamos proyectando tres importantes protagonistas en el proceso histórico insular. El primero de “formación y acumulación pasiva”, el segundo período de “despertar e iniciación” y el tercero de “indecisión y transición”. Cada uno de los períodos tuvo su particular sabor y sinsabor. Intentaré de forma crítica analizar estos tres momentos demarcados para así abrirle espacio a infinitos momentos de controversia social, económica y política que se subyacen uno al otro conspirando para crear la Puertorriqueñidad. La misma nación que aún esta buscando una definición para someterla a la Real Academia.

Nuestra historia nacional comenzará a ser analizada desde finales del siglo XVIII hasta el cambio de soberanía o la ruptura en el 1898. El siglo XVIII se distinguió por un incremento poblacional nunca antes experimentado en Puerto Rico. Esta isla era espacio de llegadas efímeras y constantes salidas. El censo desde 1750 muestra una tasa de crecimiento anual de mas de 3% mas que cualquiera de las provincias de España. Esto como producto de la inmigración y la reproducción, claro está. La inmigración fue propulsada por una serie de factores que incentivaron el paulatino crecimiento de la población. Entre los factores se encuentran: “a) El aumento de la guarnición y los números de casamientos de las tropas con mulatas y otras hijas del país. b) La importación de confinados y desterrados. c) Esclavos prófugos d) el traslado de familias canarias. e) desertores de flotas españoles. f) extranjeros católicos peritos en la fabricación de azúcar g) refugiados franceses de la revolución Haitiana y Dominicanos”

Las inmigraciones traerían consigo una amalgama de costumbres y tradiciones que se imprimirían en el inconsciente colectivo legándonos el pintoresco retrato que sería esta época. El aumento en el mestizaje sería un factor determinante en la definición de la personalidad y el color de nuestra gente. Sin embargo esto traería consigo críticas por parte de la iglesia y de las clases pudientes que continuarían rechazando las relaciones entre diferentes grupos sociales. Ángel López Cantos establece que “ La clase alta, asimismo, cerró filas y luchó con denuedo por defender unos privilegios, que consideraba exclusivos, frente a intrusos menos clasificados” . Tal fue el caso de Miguel Enríquez, zapatero y mulato que logró ostentar el título de capitán de mar y guerra declarado caballero por Felipe V. El mismo “fue atacado con sana y sin piedad por las elites, hasta el punto de haber sido encarcelado en varias ocasiones”. De igual forma fueron atacados los matrimonios entre mulatas y blancos por la iglesia y visitadores que repudiaban la falta de lustre de las gentes del país. “ ...siendo la causa haberse unido en matrimonio con personas de inferior calidad, resulta de esto irse extinguiendo y acabando las de las gentes blancas”.2 Estos alegatos muestran el constante conflicto racial que existía en la isla.

La iglesia por otro lado consolidaba su poder prometiéndole vida eterna a todos sus siervos. Incluidos entre estas personas de cualquier color. La salvación podía ser alcanzada por bozales recién llegados de Africa si aceptaban los dogmas eclesiásticos. Todos los amos estaban obligados por ley a cristianizar a sus esclavos ya que aunque considerados inferiores se aceptaba que tuviesen la virtud suficiente para aceptar a Dios. A su vez, sometían sus conciencias a la injusta realidad que muchos aceptaban en silencio. San Juan era reflejo del papel protagónico de la iglesia con sus impresionantes conventos Dominicos, Franciscanos y Carmelitas. La misma majestuosidad ceremonial de los conventos e iglesias debió haber tenido un increíble impacto en las vidas de los que observaran estas obras arquitectónicas y aún mas en la isla donde la casa de cada día era la común choza o el cielo estrellado para los desterrados.

En el aspecto económico y político la Real Cedula de 1765 incentivaría la introducción de nuevas corrientes comerciales con siete puertos adicionales. No podemos olvidar que aunque el imperio mantenía sus leyes de control sobre la isla éramos también expertos contrabandistas. De este contrabando participaban los mismos gobernadores que obedecían pero no cumplían. La revolución de los futuros Estados Unidos sería un tremendo incentivo comercial especialmente para la industria azucarera. La revolución Haitiana a su vez sería de mayor solvencia para Puerto Rico introduciendo conocedores Franceses de la tecnología azucarera y a su vez eliminando una pasada competencia en el comercio azucarero que llevaba de nombre Saint Domingue. La visita del Mariscal O’Reilly reflejaría una preocupación económica que solo se aliviaría con la liberalización del comercio, la distribución de la tierra que hasta ahora estaba en manos del Rey y sus extensos hatos y el incentivo de la inmigración que ya hemos reseñado algunos.

La Cédula de 1765 no sería la única en la historia “reformista” insular. En 1815 se concedería La Cédula de Gracias que representaría uno de los cambios más drásticos para en el perfil isleño. El siglo XIX pasará a la historia como uno de los momentos más catalíticos de nuestra existencia. La Cédula fue un “premio” concedido al pueblo puertorriqueño por no haber participado en las revoluciones de Sur América y ser fiel siervo de la Corona. Uno de los principales objetivos de la Cédula era promover la inmigración y el comercio extranjero. Como efecto a este incentivo, Puerto Rico se convertiría en la cuna de todos los conservadores que huían de los rebeldes Americanos. Por doquier entraban estos fieles súbditos de la corona que no se enfilaron a luchar con Bolivar y San Martín. Rápidamente controlaron las fuentes del poder desplazando en muchos casos a los criollos. Decenas de países se aprovecharon esta oportunidad única que permitía abrir los puertos por quince anos a naciones y personas amigas y Católicos. Aboliendo antiguos impuestos y permitiendo la entrada libre de su maquinaria y esclavos. A nuestras costas arribaron los Irlandeses, Franceses, Italianos, Catalanes, Canarios, Corsos, Venezolanos y otros. La repentina descentralización del poder tuvo efectos abrumadores en la economía Antillana. Las nuevas oleados migratorias afectarían de diversas manera la economía como es el caso catalán en el poblamiento del interior de la isla (que había comenzado con el auge poblacional en el XVIII) y la producción del la caficultura. Según Pico, su análisis sobre el despegue de la agricultura comercial de la montaña especialmente en Utuado y Jayuya concluye que “ Los comerciantes catalanes fueron los primeros en proveer financiamiento sostenible a la caficultura”3. La fluencia catalana y su centenaria experiencia comercial les traería serios conflictos con los criollos acostumbrados a la “antigua racionalidad económica” y desconocedora del mercado internacional.

Algunos de estos grupos como los Franceses, Españoles y Dominicanos comenzarían a poblar el suroeste de la isla donde integrarían nuevos sistemas de riego y establecerían haciendas azucareras muy productivas en terrenos antes designado a los hatos y estancias de café. Ejemplo de este vertiginoso incremento es el pueblo de Ponce donde las haciendas se duplicarían en menos de 20 años. Para 1828 esta región produciría el “54% de todo el dulce de la isla”4. La mayoría de las exportaciones estarían dirigidas a la nueva nación de Estados Unidos al norte que comenzaría a consolidar su hegemonía en el hemisferio oeste. Las relaciones de dependencia de Puerto Rico hacia Estados Unidos se comenzarían a fraguar desde estos incipientes momentos del desarrollo insular.

Sin embargo, este incremento en la industria azucarera y la cafetalera traería consigo una necesidad de mano de obra. La escasez de esclavos debido a las presiones de los ingleses a abolir la trata esclavista causó necesidad de mano de obra. Las autoridades contribuyeron a “aliviar” esta escasez con la implementación del temido Régimen de Jornaleros. Este régimen forzaba a trabajadores libres, cuyas necesidades no necesariamente los hacían los mas dispuestos a los míseros salarios devengados, a trabajar la tierra de los grandes hacendados. El sometimiento dependía de hombres entre 16-60 anos, con menos de 4 cuerdas de terreno y que estuviesen desempleados. Los jornaleros estaban obligados a trabajar con una libreta donde apuntaban su conducta, las horas trabajadas y el dinero que debían en las “Tiendas de Raya”. Este sistema era sumamente represivo y los hacendados tendían a abusar de su poder. El régimen controlador de la libreta, muy bien pensado por el gobernador Pezuela, trajo consigo muchísimas protestas por los grupos liberales del país.

Los grupos liberales del país eran producto de la nueva generación de Puertorriqueños criados por nodrizas, educados en Europa e influidos por los ideales democráticos de las ideas de la ilustración y otros movimientos del pensamiento racional. No soportaban el estancamiento colonial y el enajenamiento de los criollos y comenzaron movimientos separatistas y abolicionistas que habrían de cambiar la idiosincrasia del país. El Grito de Lares, el 23 de septiembre de 1868, fue producto de estas nuevas vertientes del pensamiento Puertorriqueño. Tomó mas de 12 años planificar esta revuelta de 24 horas. Interrumpida por líderes muertos misteriosamente en Chile(Segundo Ruíz Belvis) y exiliados varados en Santo Domingo(Ramón Emeterio Betances), el grito de lares fue una manifestación popular en contra del poder omnímodo de los peninsulares en la patria Borinqueña. Aunque el separatismo jamás sería experimentado como producto de la revolución, en cinco anos viviría la gloria de la abolición de la esclavitud y el régimen de la libreta en 1873.

A principios de 1867 un grupo de puertorriqueños fue invitado a formar parte de la Junta Informativa de Ultramar donde se discutirían las posibilidades de establecer las Leyes Especiales que le otorgaría a Puerto Rico el estado de provincia y como consecuencia más derechos democráticos. Las Leyes especiales serían palabras muertas hasta 1897 con el pacto que hicieran los autonomistas puertorriqueños con Práxedes Mateo Sagasta, líder del Partido Liberal Fusionista en España. Esas palabras serían de corta vida. En 18 meses las alianzas cambiarían y los imperios envejecidos encontrarían su mausoleo a manos del frío norte expansionista

La ruptura (1898-1940)

La invasión de 1898 no era un hecho inesperado por las autoridades coloniales en la isla. España era una amenaza para las esperanzas expansionistas de los Estados Unidos y su omnipotente control sobre el archipiélago antillano era inminente. Theodore Roosevelt, asistente secretario naval, en una carta al capitán Alfred T. Mahan escribe; “ Until we definitely turn Spain out of those islands( and if I had my way that would be done tomorrow) we will always be menaced by trouble”5. España era uno de los últimos bastiones europeos en el hemisferio oeste. La doctrina Monroe y su filosofía de “América para los Americanos” no incluía a España en la agenda expansionista los Estados Unidos.

El 13 de Agosto de 1898 las cortes españolas fueron sometidas a firmar el Tratado de Paz con EEUU y a ceder la soberanía de una isla que hace 18 meses había adquirido su soberanía en el tratado Sagastiano. No era prerrogativa de España entregar nuestra soberanía pues no le pertenecía. La historia de los imperios opresores no incluye diplomacia y se organizó un gobierno militar en la isla que dominaría la política puertorriqueña por los próximos cincuenta anos.

Sin embargo hay una particularidad sobre los intereses de los Estados Unidos en Puerto Rico. No sólo era la isla un bastión militar sino también representaba un mercado virgen para el libre acceso de los intereses azucareros. Puerto Rico no era una despoblada Alaska con extensas tierras, ni una estratégica Hawaii para dominar el pacífico y menos el suroeste Norteamericano con oro en las entrañas. Puerto Rico era una isla densamente habitada con alrededor de un millón de habitantes enfermos, malnutridos y preparados para la explotación diaria que vendría vestida con copos de nieve y árboles de Navidad. El general Miles en su entrada triunfante por las costas de Guánica anunciaba las bendiciones que le esperaban a la antilla devastada. Prometió la protección a las propiedades de los isleños. De la siguiente explicación señalaremos cuan “grata” fue la protección de nuestros intereses y como nos bendijo esta gran nación “civilizada”.

Una de las primeras consecuencias económicas luego de la invasión fue el intercambio de la moneda. Esto conllevó un canjeo de 60 centavos de dólar por cada peso provincial que a su vez devaluó la precaria riqueza isleña. La devaluación y el empobrecimiento de los hacendados de la isla fue una ventaja para los Norte Americanos que podían adquirir terrenos a precios de especial. A su vez los hacendados no tenían dinero en efectivo para pagar a los pobres jornaleros que de por sí estaban mal pagados. La tragedia económica se convertiría en un melodrama con el paso del Huracán San Ciriaco y su devastación de los ya frágiles cafetales. El azúcar y el tabaco serían los protagonistas de la nueva economía colonial ya que eran los productos de interés en el mercado americano.

En el ámbito político, Washington controlaría la rama ejecutiva y judicial. Serían los responsables de nombrar “dedocráticamente” a los próximos líderes de la política isleña. La rama legislativa sería la única con relativa legitimidad para el pueblo puertorriqueño. Los conflictos eran una voz regular entre los dos grupos. Por un lado Estados Unidos subestimada la capacidad del pueblo puertorriqueño a gobernarse y lo atribuía a su falta de educación. Por el otro lado los puertorriqueños letrados reclamaban la seudo democracia que les había sido prometida al pueblo antes de ser invadida. Sin embargo la estructura colonial favorecía los intereses de la metrópoli y decidieron como toda conciencia paternalista reservar la libertad del país hasta nuevo aviso desde Washington. La Ley Foraker consolidó este dominio declarándonos ciudadanos puertorriqueños, sometidos a las leyes de cabotaje y nombrando nuestros gobernadores. Puerto Rico tenía todas las de perder. Para ellos éramos infantes ignorantes que necesitaban consejería. En nuestro caso la consejería tardaría 106 años y la historia continua. gobierno tardaría 19 años en “concedernos” la ciudadanía de Estados Unidos a través de la Ley Jones irónicamente el mismo año que los EEUU decidieron partir a jugar en la Primera Guerra Mundial y los puertorriqueños estarían cordialmente invitados a participar ahora que cargan consigo la ciudadanía aunque solo seríamos enviados a velar el canal de Panamá.

Por otro lado el gobierno incentivó la creación de escuelas y universidades desde 1903. El presupuesto que se proveyó favoreció este aumento en el acceso a la educación. No podemos olvidar que para la metrópoli éramos un infante sin conocimiento que necesitaba educación que tenía buenos puertos para el Navy. Esta era su obra filantrópica para ilustrar al pueblo y americanizarlo. La educación facilitaba el proceso de transición y manipulación. Se enseñaba inglés, se cantaba el “National Anthem” y se recitaba el “pledge allegiance”. Se introdujo la religión de los puritanos y arribaron monjitas irlandesas para enseñarles inglés. Paulatinamente se cambiaron las estructuras antiguas que habían dominado la cultura para emular a la “democrática” norteña.

Los primeros 30 años del dominio de EE.UU. estuvieron definidos por marcados contrastes. Por un lado los anexionistas, por otro los autonomista y los independentistas. Fueron anos de muchísimos conflictos políticos y económicos. Sin embargo surgiría una figura que cambiaría la política y definiría los nuevos pasos que habría de seguir el país. Luis Muñoz Marín revolucionaría las bases del engranaje colonial y la manera de hacer política en el país primero como senador y luego como el primer gobernador electo con una constitución propia. La plataforma del Partido Popular incluiría cambios drásticos en la política económica y social del país. Comenzaría implantando la ley de los 500 acres que estaba siendo violentada por compañías Americanas que poseían mas tierra de lo establecido por ley. Además distribuirían tierra, promoverían cooperativas y nuevas industrias. La modernización del país y de su infraestructura para proveer luz y agua a las zonas rurales de la isla que por tanto tiempo habían sido rezagadas. El partido y la persona que representaba Marín acaudalaron un seguimiento nacional e internacional impresionante. Con el gobierno de Tugwell, las reformas propuestas encontrarían una válvula de escape. Los experimentos hechos durante estos años cambiaron la realidad de maneras nunca antes experimentadas. Uno de los logros más contundentes fue la Ley de Tierrra de 1941. A través de esta ley se expropiarían las tierras de grandes compañías que tuviesen mas de 500 acres. Las tierras expropiadas se distribuyeron entre los desterrados o agregados en lo que se conoce como parcelas. Se crearon fincas familiares de 5-25 cuerdas y fincas de beneficio proporcional de 100-500 cuerdas. Sin embargo no se les entregó a los nuevos parceleros títulos de propiedad. Este detalle, en el futuro tendría consecuencias nefastas para el PPD. En 1964 perdieron las elecciones cuando el novato PNP prometió entregarles la titularidad a todos los parceleros.

La creación del ELA y la constitución proclamada en la ley 600 sentaron las bases de la mutante sociedad antillana. El país se encontrará inmerso en una de las diásporas internas más radicales de nuestra era. Con la caída de la industria del cafetal los habitantes de la montana se refugiaron en la costa dependiendo de la decadente industria azucarera y la resurgente industrialización que comenzó a devorar las antiguas estructuras sociales y económicas amparados bajo la Ley de Incentivos Industriales. Los desplazados se refugiaron en precarios arrabales hasta pasada la nueva ley que mencionamos anteriormente. La esperanza de los desposeídos era la disposición de esas grandes mentes a cambiar esa realidad de necesidad con un proyecto coherente como narrado en el discurso a la Universidad de Harvard por Luis Muñoz Marín;
Operación Manos a la obra—el derecho a la vida
Operación Estados Libre Asociado—el derecho a la libertad
Operación Serenidad—la búsqueda de la felicidad

Estas palabras nos rememoran el “Life, liberty and the pursuit of happiness” de la Declaración de Independencia de la metrópoli. He aquí la gravedad de nuestra situación estatutaria. Fundamos nuestro ideario de mundo sobre unas estructuras ajenas a la nuestra. El presente no parece augurar cambios metodológicos en la manera de hacer política. Nuestros políticos continúan repitiendo la retórica mimética de sus antecesores y como cantó una de nuestras bandas nacionales
“ hace falta ideas nuevas”. Todavía seguimos esperando ideas nuevas que surjan del númen de una gran Puertorriqueña(o) o de grandes puertorriqueños que osen convertirse en embajadores de un mundo de paz.
A fin de cuentas el final feliz esta en el poder de convicción de cada uno de nosotros. Ese final solo necesita un poco de inspiración, una chispa de motivación y un diluvio praxis y acción. La justicia es una ley Universal, esta en nosotros recordar que existe.

Tomás Blanco, Prontuario histórico de Puerto Rico, 6ta edición( San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, serie de biblioteca popular,1970) pg.44-45

Angel López Cantos, Los Puertorriquenos: mentalidad y actitudes (Siglo XVIII),1ra edición (Ediciones Puerto 2000)pp 131-134
2pp 165-166
3 Fernando Pico, Al filo del poder, 1ra edición, (EDUPR 1993) pp. 89-90
4 Francisco Scarano, Cinco Siglos de Historia, 2da Edición, (Mc Graw- Hill) pp. 456-458
5 Arturo Morales Carrión, P.R , A political and cultural history, (WW Norton and Company Inc.)pp 134