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¿Revitalizar para los que nos olvidaron? (por Natalia Prats)

El ser existe en espacios. Espacios temporales, espacios migratorios, espacios conformados, espacios deformados. Sea cual sea el espacio habitado u olvidado, queda el mismo sodomizado por el tiempo y por el destiempo. Figura en nuestro acervo espacial un sinnúmero de conglomerados uniformes que nuestra pragmática sociedad ha optado habitar. Casas geométricamente lineales, absortas y cimentadas en su nueva realidad urbana.

Apasionada por las figuras asimétricas, encorvadas, no habituales y complejas, siento gran admiración por antiguos espacios, hoy cementados como arcaicos estorbos para la sociedad. Cubiertas por sabandijas, palomas, y pinturas descuartizadas. Adefesios, como algunos optan llamarlos. Hemos olvidado la necesidad de esos balcones continentales, donde conversaban familias sobre su devenir. Quizás recuerdan esos techos de zinc emulando las pirámides aztecas, siempre queriendo alcanzar lo divino. Llueve y la sinfónica de gotas parlotea durante el sueño del jíbaro. En la falda de la cornisa, unas losetas pequeñas recuerdan ese legado moro colorido e ilustrado.

Santurce, antes conocido como San Mateo de Cangrejos, es una de esas joyas olvidadas. Santurce era espacio de cimarrones negros y libertos bomberos. Perseguidos por los pudientes de Miramar y Condado que no soportaban el cuero de los buleadores y del gallo que cantaba las penas de negro. Quisimos llevarlos lejos. Construimos teatros, casas de encuentro, Universidades Sagradas e iglesias inmaculadas. Los botamos pal caño, pa Loíza y pal barrio del obrero. Quisimos olvidar las yaguas y las paredes flácidas. Quisimos olvidar la necesidad intrínseca del ser humano de caminar sobre aceras espaciosas. Cambiando el ejercicio del pequeño órgano en el centro de nuestro pecho por él ejercicio del exceso y la velocidad.

Es de entender, en una isla huracanada, el cemento parece ser el aliado indefinido de lo estable. Así es como “Ponce Cement” se inmiscuye en nuestra cotidianidad para legarnos sus sabias edificaciones de cemento con el propósito de un “mejor futuro”. Claro está, los grandes y pequeños “investers” ni miran la belleza que esconden esas estructuras por ser de madera o por tener zinc sobre sus techos. Algunas otras de cemento abandonadas al oblivio y a las tempestades de nuestro clima boricondino. Es así como fraguamos la cultura del desparrame y las casas repetidas. Similar a ciertos individuos de nuestras sociedades que parecen clones mamando de la teta capitalista con la misma y repetida estética digerible.

Hoy hablan los grandes de revitalizar. ¿Qué pasa, el dominicano no tiene vida? ¿El pobre obrero que construirá el nuevo edificio, no necesita un techo? ¿Revitalizamos para los que olvidaron a Santurce? Y el que le ha vivido, ¿no merece un techo decente? Debemos comenzar a repensar la sociedad que fraguamos. Revitalizar casas y edificios de intereses sociales en Santurce que sean accesibles para todos debe estar entre las propuestas del gobierno. En Santurce hay una comunidad. Una comunidad boricua, dominicana, asiática y sobre todo humana. Esta amalgama de culturas renueva y contribuye al desarrollo de la diversidad. La comunidad debe ser parte del proceso formativo de “revitalización” de nuestro casco urbano.

No podemos permitir la renovación a través del desplazamiento. Una acción como éta es como limpiar un zapato con estiércol. La auto-gestión no es posible sin el apoyo de los grupos gubernamentales que tienen los conocimientos y el presupuesto para facilitar tales movimientos regenerativos. Un gobierno efectivo es un gobierno representativo. ¿A quiénes representan nuestros líderes en esta era de trivialización?

Una sociedad efectiva se monta sobre un conglomerado eficiente, holístico e integrador. Tenemos la oportunidad de tener una ciudad integradora. Creando talleres como “Una calle a la vez”, en el cual se propone pintar y embellecer, a través de donaciones por parte de compañías privadas y gubernamentales y la facilitación de artículos necesarios para poder llevar a cabo obras de embellecimiento. Con la ayuda de diferentes grupos voluntarios y comunitarios podemos lograr estos cambios. A su vez, esto contribuye a la psiquis y autoestima de los individuos que conforman nuestra sociedad. Podemos acabar con el adefesio de los edificios y los hogares olvidados. Con el apoyo e iniciativa de grupos que tengan los recursos, podemos hacer de Santurce, sus áreas limítrofes y Puerto Rico un lugar habitable y hermoso para todos. Aunemos nuestros esfuerzos por el porvenir de nuestra sociedad.