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Un oído para la Música Puertorriqueña (por Natalia Prats)

La música es sin duda una de las manifestaciones culturales más destacadas de nuestro entorno caribeño. Los puertorriqueños nos hemos destacado en un sinnúmero de disciplinas de la música. Hemos sido entes protagónicos en el desarrollo de varios géneros de la música conocidos alrededor del mundo como la salsa, la bomba y plena, la danza y muchísimos otros géneros musicales que aún están desarrollándose. Dicen los sabios que “la música es el alma de los pueblos”.

La música desarrollada en la menor de las antillas mayores ha pasado por diversos momentos históricos. Podemos comenzar a hablar sobre nuestros Tainos y su música. Los Tainos, grupos aborígen de nuestra inmensa antilla tenía como parte de su cultura una diversidad de instrumentos que utilizaban en sus rituales y especialmente en sus areytos. Tenían diversidad de instrumentos como las maracas, sonajeras de caracoles y cajas de maderas con las que creaban los sonidos para perpetuar su historia a través de la música. De esta manera educaban a las futuras generaciones y mantenían vivo el legado de sus ancestros.

Con la llegada de los colonizadores se introducen una diversidad de géneros que provienen de la música que se manifestaba en las diversas villas, conocidos hoy como villancicos. Nuestro querido aguinaldo puertorriqueño proviene de los villancicos. El mismo se ha transformado en dos manifestaciones musicales:

1) El Canto Jíbaro o aguinaldo jíbaro
2) El villancico similar a los “Christmas Carols” de los EEUU

Nuestros villancicos integran elementos rítmicos negros, de claves y ritmos indoantillanos. Los mismos solicitan la protección divina del niño Jesús. Mucho de la letra evocan estas alabanzas. Ejemplo de estas líricas es la conocida conocida y cantada por nuestros niños comúnmente en las escuelas:

Alegria, Alegria, Alegria
Alegría, Alegría el placer
Que la virgen va de paso con su esposa
hacia Belén.

La música jíbara es sin duda una de las manifestaciones más genuinas de nuestra puertorriqueñidad. En uno de nuestros libros más autóctonos se encuentran las crónicas de Manuel Alonso donde se recopilan un sinnúmero de manifestaciones musicales autóctonas del siglo XIX. Entre los géneros mas destacados de la música campesina se encuentra el aguinaldo y el seis. Estos géneros se interpretan por trovadores que desarrollan sus líricas a través del pie forzado que se utiliza en el último verso de las décimas. Las aguinaldos de hoy, además de utilizar la guitarra española, es muy común el uso de nuestro cuatro,el tres y el tiple.

Por otro lado, nuestra herencia Africana tiene una influencia medular en el desarrollo de uno de nuestros mas preciados ritmos y bailes. La Bomba es sin duda una de las más candentes manifestaciones de nuestros genuinos sonidos puertorriqueños. La bomba tiene su particular desarrollo en nuestras costas, especialmente en las áreas de antiguas haciendas cañeras donde habitaban los grupos de ascendencia Africana como Loíza, Guayama, Ponce, Arroyo, Cangrejos y Mayagüez.

El instrumento predominante utilizado en la bomba son los tambores. Se construye con los barriles utilizados para hacer ron. Existen dos tipos de tambores: el buleador o primo y el seguidor. Las diversas regiones donde se practica la bomba demuestran diferentes estilos y toques. Por ejemplo, en el sur la mujer lleva la voz cantante. El profesor Emanuel Dufrasne establece que existen ocho sones de Bomba tales como guembe, leró, gracimá, holandé, calimbá, yubá, belén, cunya y ymaryanda.

El norte, liderado por el Maestro Rafael Cepeda se refiere a los toques como seises de bomba. Entre su repertorio de sones se encuentra el sicá y el paulé entre otros. El hombre o gallo canta mientras la mujer se le permite bailar. La mujer no toca los cueros ya que el cuero es representativo de la piel de un hombre y sería como si la mujer le estuviese dando a un hombre.
La bomba se insertó a la música popular a través de Rafael Cortijo y su combo. Al igual, la plena se asocia con los grupos más desventajados de las estratas sociales de la isla. Se cree que la plena nace en los arrabales aunque los ponceños la reclaman como suya. Las líricas son reflejo de la violencia y la marginación de tales poblaciones. “Mataron a Elena” es un crudo reflejo de la violencia que yacía entre estas comunidades. La plena se popularizó durante el 1920 cuando aun no se integraba el uso percusivo. Se utilizaba sin embargo la guitarra. El Canario y Rafael Hernández fueron uno de sus más importantes exponentes.

La salsa, por otro lado, se adoptó como delicioso manjar culinario en nuestro acervo musical. Esta es producto de la diáspora migrante que abandonó las costas caribeñas para costas frías y sombrías en el norte. La misma se nutre de los ritmos claves negros y el tumbao criollo. La salsa lleva en sus raíces la influencia de la danza y danzones caribeños. Para 1920 la guaracha y el bolero se habían adentrado en la música popular. Luego Rafael Cortijo comienza a experimentar con ritmos de bomba, especialmente el Sicá y la plena. A esos ritmos se le arriman la rumba, la guaracha, las cumbias, el son, aguinaldos, seises y otros. Hubo orquestas como el Gran Combo, Hector Lavoe, Ismael Rivera y otros definen el estilo de la salsa boricua creando una singular fusión que hoy se baila en todos los rincones del planeta.
Dicen que los países que no tienen música, no tienen alma. Si existe un denominador común entre todas las culturas del mundo es el desarrollo de una particular voz melódica. Es por esta razón que es de vital importancia continuar desarrollando la música de los pueblos y en este caso de la nación puertorriqueña. Tengo que compartir que una de la experiencia más alentadora de mis sábados en la mañana, caminando por las aceras de mi viejo San Juan a las nuevas generaciones recibiendo cursos de cuatro por el Instituto de Cultura. A través de estas actividades mantenemos nuestra cultura y nuestra música viva. Sigamos tocando, sigamos cantando que la música es de los pueblos con alma.