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Salvaguardando Nuestra Artesanía (por Natalia Prats)

(Como parte del curso Cultura Puertorriqueña en el CEAPR tuvimos el privilegio de tener de orador invitado al Prof. Walter Murria Chiesa. Su visita me inspiró a escribir unas cuantas palabras sobre la situación actual de la artesanía puertorriqueña. Espero sea de su disfrute.)

La artesanía puertorriqueña es sin duda una de las expresiones más genuinas de la cultura puertorriqueña. Si definimos la cultura como la proyección de todo lo creado por nuestras ideas y nuestras manos, la artesanía es imprescindiblemente una de la más importante.
Sin embargo, por esta no contar con el aval académico de las instituciones más prestigiosas de nuestro país ha sido desplazada a rincones rurales donde solo pocos han tenido el privilegio de disfrutar de dicha arte. Ha sido la ardua labor de maestros artesanales y de promotores artesanales la que ha mantenido vigente estas manifestaciones artísticas de nuestros compatriotas, heredadas a través de las generaciones de antaño legándonos la responsabilidad de perpetuar sus obras.
Walter Murray Chiesa es uno de los perpetuadores de la cultura popular. A través de sus viajes insulares ha rescatado a nuestros genios artesanales para reivindicarlos ante el entorno que les proveyó su inspiración artística. Auspiciado por el Instituto de Cultura Walter se desplazó como curioso puertorriqueño a beber café entre los maestros.

Walter Murray Chiesa comienza su historia luego de la llegada de su padre, Eduardo Murray a Puerto Rico y su madre, natural de Manatí, Maria Luisa Chiesa. En los inicios de su vida profesional se desarrolla como maestro. Asumo que su experiencia como pedagogo le permitió reconocer con ojo avizor a maestros los maestros artesanos escondidos en jaldas lejanas. Comparte su vida hace 42 años con Nidia Fornes, su inquebrantable aliada. Aparte de ser arqueólogo, trabajó como director del Programa de Artesanos con el Instituto de Cultura por 10 años bajo el ala del aclamado arqueólogo puertorriqueño, Ricardo Alegría. Muchos de estos maestros artesanos no reconocían las aportaciones centenarias que estaban haciendo a través de sus creaciones. Para estos maestros, simplemente hacían lo que les habían enseñado a hacer sus antecesores. Sin embargo Walter les dijo: "" Eres un artista"". Es increíble ser artista sin saber que lo eres. Esos eran nuestros artesanos del mediados del siglo XX. Artistas que no sabían que eran artistas. No es hasta que el Instituto de Cultura, a través de Don Ricardo Alegría los declaran ""artistas del pueblo"".

Entre los artesanos que rescata Walter se encuentran hacedores de cabos de machete, tazas de hierro, talladores de santos, hamaqueros y muchísimos artistas de la cultura que yacían olvidados en algún rincón antillano de nuestra isla. Entre sus logros más significativos se encuentra declarar el mes del artesano, crear un mapa artesanal de P.R, conseguir fondos para becas a la Fundación Nacional de las artes y es miembro activo del comité artesanal de los EEUU. Ha logrado nominar a maestros artesanos al concurso de Herencia Nacional celebrado en Washington del que hemos sido ganadores en seis ocasiones. El distinguido Rafael Cepeda ha sido uno de los galardonados por sus bombas y panderetas y el último nominado fue el renombrado tallista de aves Elpidio Collazo.
Existen un sinnúmero de asuntos pendientes para desarrollar efectivamente el mundo artesanal. Por ejemplo, Walter intentó crear el Centro de Investigaciones Artesanales, desafortunadamente nuestros legisladores decidieron esconder a nuestros artesanos en un abarcador Centro de Investigaciones de las Artes Populares que no necesariamente le provee la atención a nuestros artesanos de la manera adecuada. Este centro incluye la música, la pintura y otras artes desplazando a los artesanos a un segundo plano.

En vez del gobierno proveer un ambiente prolifero para nuestros artesanos le crean trabas como la ley 345 del 18 de diciembre de 1999. Dicha ley le exige a nuestros artesanos pagar $10 y tener un extintor en todas sus exposiciones. Oscar Castellón, Presidente del Festival Nacional del Café en una entrevista hecha por Primera Hora declara que: “Es un golpe de muerte a la actividad artesanal”. Y debe serlo, ya que los únicos de nuestros artesanos que trabajan con material volátil son los orfebres. Según esta ley cuando vaya a una feria cada uno de los artesanos que veas sentado tendrá un extintor. ¿Cuán volátil puede ser una hamaca? O ¿Cuán flamable un dulce de coco? Estas son las cosas que pasan en nuestro país.

Existen otras leyes como la Ley 188 que enmendó la ley 120 que provee exenciones sobre arbitrios en maquinaria, equipo y herramienta exclusivas a su elaboración artesanal además de eximir de pagar arbitrios sobre vehículos. También existe la recién creada ley 458 del 2004 que le ordena al Departamento de Educación en colaboración con el Instituto de Cultura a ofrecer cursos de de artesanía puertorriqueña en las escuelas públicas como parte del programa de Escuela Abierta. Los cursos que se le exigen al Departamento como parte de sus ofrecimientos a la comunidad son talla de madera, instrumentos musicales, máscaras, juguetería, labores de aguja, joyería artesanal, hamacas, cerámica, cestería, trabajo en higuera, coco, bambú y otros relacionados. Aunque estas leyes parecen salvaguardar la actividad artesanal la misma es contradictoria con otras ya existentes como ley 345.

Sin embargo esto no es suficiente. Todavía caminamos por nuestra capital, en especial la zona más turística del viejo San Juan y no es fácil encontrar locales que promuevan nuestro acervo cultural. La mayoría de los productos que se venden son importados. Los turistas vienen a Puerto Rico para conocer nuestra cultura y se llevan una camisa “Made in China”.

Lo primero que tenemos que hacer es privilegiar a nuestros artesanos. La artesanía no puede ser una cosa de modas debe ser una presencia constante en nuestro entorno comercial. Si un turista viene, que se lleve de recuerdo un tallado hecho en P.R no en China. Favorecer las importaciones no favorece nuestra economía sólo favorece al que las importa que en muchas ocasiones no es ni de Puerto Rico. El capital ausentista parece ser nuestro pan de cada día.

Necesitamos crear no solo los espacios para nuestros artesanos sino promocionar a los mismos. Ser un promotor artesanal es necesariamente una vocación. En un reportaje hecho en Radio Universidad por Yaritza Cardona Mercado se establece la necesidad de tener reporteros especializados en la el trabajo artesanal. Carmen Leonor Rivera, la entrevistada, critica que la cobertura que se le hace a la artesanía se haga como si la misma fuera una novedad y no una expresión cultural. A su vez lo que se crea son espacios efímeros y de modas pasajeras. Lo que interesa es crear espacios donde los promotores artesanales trabajen en conjunto con los medios de comunicación para dar una presencia permanente y constante a nuestros artesanos. No servir de trabas como la burocracia gubernamental y reconocerlos como artistas del pueblo que son.