Cultura

En esta sección se discuten por medio de ensayos diversos aspectos sobre la cultura puertorriqueña.

Arquitectura puertorriqueña

Con el quinto centenario de la llegada de Cristóbal Colón a Puerto Rico en 1992, se inició una restauración de la arquitectura colonial en la isla. La herencia arquitectónica de la isla es española, como se puede ver en las calles de adoquines serpenteantes, los edificios con balcones ornamentados, las tejas de colores pasteles, y las puertas de madera que abren hacia patios interiores al estilo de Andalucía, en el sur de España.

La restauración actual y los proyectos de renovación se enfocan mayormente en el Viejo San Juan y en la ciudad de Ponce. Se cree que hay al menos cuatrocientas estructuras de valor histórico en el Viejo San Juan, incluyendo algunos de los más finos ejemplos de arquitectura colonial española en el Nuevo Mundo. El Viejo San Juan fue el centro militar y de comercio más importante de España en América por alrededor de cuatro siglos.

España ordenó que la ciudad fuera protegida por paredes de arenisca y un fuerte masivo, ya que la isla era un puerto principal para los galeones que ingresaban a las Antillas y el último puerto seguro para barcos cargados con tesoros en ruta a Cádiz o Sevilla. Ya que el Viejo San Juan no tenía espacio para expansión, los nuevos edificios tuvieron que ser construidos al este de la vieja ciudad, en lo que es conocido actualmente como la ciudad moderna de San Juan. Por ende, la mayor parte de las estructuras viejas han sobrevivido desde aproximadamente el siglo XVI. Entre los más notables se encuentran la Fortaleza, el Morro, la Catedral de San Juan, y el Convento de los Dominicos. La Casa Blanca, una mansión construida por el primer gobernador de la isla, Ponce de León, aún permanece en pie.

En una excursión por el viejo San Juan, usted podrá ver un conglomerado arquitectónico de edificios que van desde el estilo popular durante la conquista española hasta el estilo neoclásico del siglo XIX. La estructura más significativa es el fuerte de El Morro, el más grande del Caribe, y que ha protegido la bahía de San Juan por más de cuatro siglos. En 1973 fue declarada “Patrimonio de la Humanidad”, poniéndolo en el mismo escalafón que Versalles, el Taj Mahal, y las pirámides egipcias.

Otras muestras ejemplares de la conquista militar española y de su ingeniería en San Juan incluyen las paredes de la ciudad, cerca del Fuerte de San Cristóbal. La Fortaleza, construida en 1533, es otro edificio considerado Patrimonio de la Humanidad. Construida para proteger a los colonos españoles de las tribus caribeñas, ésta fue originalmente una fortaleza pequeña de estilo medieval con dos torres redondas. Con el tiempo, paso a ser la residencia del gobernador de la isla. Aún en uso actualmente, es la residencia oficial del gobernador de Puerto Rico y la mansión ejecutiva más antigua en uso continuo en el Nuevo Mundo. Construida alrededor de una coraza del siglo XVI, tiene una fachada del siglo XIX con temas neoclásicos y un interior ricamente amueblado.

Quienes restauraron la Fortaleza y otros monumentos en el Viejo San Juan intentaron cuando fuera posible utilizar materiales originales como vigas nativas de ausubo (""ironwood""), transportados desde otras partes de la isla. Los Archivos Generales de Puerto Rico, y los Archivos de Indias en Sevilla, España, proporcionaron los planos originales de muchos de los edificios de finales del siglo XVIII y siglo XIX y fueron utilizados en la restauración de muchas de las estructuras de la isla. El reto mayor fue restaurar los edificios del siglo XVI, para los cuales no había planos originales. Un ejemplo de esto es la Iglesia de San José, el único edificio verdaderamente gótico bajo la bandera de los Estados Unidos. Las paredes de este edificio tuvieron que ser raspadas para revelar las características originales del siglo XVI. Enterrado bajo capas de concreto, los restauradores encontraron uno de los primeros murales pintados en América, obra de un fraile cuya identidad quizás nunca se conocerá.

La fachada de la Catedral de San Juan, añadida en los comienzos del siglo XIX, es barroca, pero alberga una torre arqueada y cuatro cuartos de 1540, los cuales son raros ejemplos de arquitectura medieval en el Nuevo Mundo. En 1913, el cuerpo de Ponce de León fue trasladado aquí y está enterrado en una tumba de mármol dentro de la catedral.

El Convento de los Dominicos, otra de las estructuras del siglo XVI en el Viejo San Juan, anteriormente albergaba al Instituto de Cultura. Los frailes comenzaron su construcción en 1523; se destacan las galerías arqueadas de dos pisos, un patio interior grande y una capilla que funciona como museo.

El área de los muelles de San Juan, también conocida como el “Paseo de la Princesa”, también ha sido restaurada a su esplendor original del siglo XIX como un paseo con fuentes y palmas reales muy altas. El paseo se extiende desde los muelles de crucero hasta “La Princesa”, una prisión del siglo XIX que ha sido restaurada y que actualmente sirve como oficina de la Compañía de Turismo de Puerto Rico. “La Princesa” establece un buen ejemplo a seguir para futuras restauraciones arquitectónicas, con sus grandes puertas de caoba, y galerías impresionantes.

Otro renacimiento arquitectónico y de restauración se desarrolla actualmente en Ponce. Al final del siglo, Ponce rivalizó con San Juan como centro cultural y de negocios prósperos. Cuando el plan de la revitalización de Ponce, alegadamente el más extenso emprendido en las Antillas, sea completado, los visitantes podrán dar un paseo a lo largo de calles iluminadas con gas y rodeadas de estructuras del período y pasear por aceras en mármol rosado para caballos, carruajes antiguos y coches de bebé.

El Estado Libre Asociado ha asignado $440 millones para restaurar el centro de la ciudad que cuenta con 66 cuadras con más de 1.046 edificios de diversos estilos, desde lo colonial español a lo neoclásico, de ""Ponce Créole"" al Art Déco. Muchos de los edificios centrales de Ponce fueron erigidos a finales de 1890 y los años 30, cuando la ciudad era el eje de la industria del azúcar, el ron y de envío en la isla. Ponce se conocía como “La Perla del Sur” y era el domicilio de muchos artistas, políticos, y poetas.

Con los fondos proporcionados por el gobierno español, el Instituto de Cooperación Iberoamericana señaló qué estructuras eran dignas de preservación. Muchos de dichos edificios irradian hacia fuera de la majestuosa plaza principal, la Plaza Las Delicias. Otras calles con edificios de interés arquitectónico incluyen las calles Cristina, Isabel, Luna, Reina y Pabellones.

El Instituto de Cultura Puertorriqueña restauró la neoclásica Casa Armstrong-Poventud, una mansión con columnas de cariátides que adornan su fachada. Hoy, la construcción restaurada contiene el Centro de Información de Turismo de Ponce, la oficina regional del Instituto de Cultura Puertorriqueña y un museo. Otro edificio decimonónico importante, el Castillo, sirvió originalmente como las dependencias de la infantería de la ciudad de Ponce. Más adelante se convirtió en la cárcel de Ponce, pero actualmente es la Escuela de Artes Plásticas de Ponce.

Otro edificio importante, el Museo de la Música de Puerto Rico, fue restaurado en 1990 por el Instituto de Cultura. Éste rinde tributo a las obras de los músicos puertorriqueños. El museo se encuentra en el antiguo Museo de Arte en la calle de Cristina y fue construido en la década de 1850 como el hogar de un empresario adinerado.

El instituto también es responsable de restaurar la Casa Serrallés, casa que una vez perteneció a la familia productora de ron más antigua en Puerto Rico, los productores del Ron Don Q. El instituto también restauró la Casa Villaronga, antiguo hogar de un arquitecto famoso de Ponce, Alfredo Wiechersm. La Casa Villaronga muestra la elegancia característica de la arquitectura de Ponce, con un jardín en la azotea, guirnaldas de estuco, vidrios con colores y azulejos españoles.

Visualizando a Ponce desde la colina de El Vigía se encuentra el Castillo Serrallés, hogar de otra familia productora de ron. Es una hacienda de estilo español de muchos pisos y que tiene un elegante patio abierto y un techo de madera tallada en el comedor.

Un teatro de Art Déco fue convertido en la Plaza del Mercado. Este mercado de artesanos, repleto de alimentos, frutas y flores típicas atrae a más turistas y consumidores que cualquier otra atracción en la ciudad.

Finalmente, en la Plaza de las Delicias, Ponce ha revivido la tradición de dar servicio de carrocería a los turistas. En el medio de la manzana se encuentra el Parque de Bombas, el cual fue abierto nuevamente luego de una restauración de 140 mil dólares.

Fuente: Porter, Darwin and Danforth Prince, Frommers Comprehensive Travel Guide - Puerto Rico 95-96, New York, New York, Macmillan Travel, 1992, 1994, pp. 22-25.

Biografías de puertorriqueños destacados

Luis Antonio Ferré Aguayo (1904 - 2003)
Industrial, político y gobernador de Puerto Rico

Nació el 17 de febrero de 1904 en Ponce. El segundo de seis hermanos, creció entre sus intereses científicos, el arte pictórico, el piano y la esgrima. Licenciado como ingeniero por el Instituto Tecnológico de Massachussets. Despertó en los obreros de su fundición un verdadero entusiasmo por el trabajo y creó un fondo de seguro y beneficencia para ellos. Esto causó que se regara la voz por el sur de la isla de que los Ferré trataban bien a sus empleados. Además, organizó conciertos, patrocinó las artes, escribió crónicas musicales: todo por levantar el ambiente cultural de la ciudad de Ponce. Junto a su padre y hermanos, estableció una planta para fabricar cemento, la Ponce Cement, que pronto ayudó a satisfacer la demanda interna, a la vez que pudo también exportar parte de su producción. Los inicios de su carrera política fueron en el año 1940 cuando fue candidato de la Unificación Puertorriqueña Tripartita a la alcaldía de Ponce. En 1948 fue Comisionado Residente por la coalición de los partidos Reformista, Socialista y Estadista. Fue miembro del Partido Republicano, delegado en la Convención Constituyente del Estado Libre Asociado de Puerto Rico (1951), miembro de la Cámara de Representantes (1953-1957) y candidato a gobernador en distintas ocasiones. En el año 1968, creó el Partido Nuevo Progresista y consiguió vencer en las elecciones para gobernador. Ferré apoyó la política de integración de Puerto Rico a los Estados Unidos.

Luis Muñoz Mar&iacuten (1898 - 1980)
Escritor, periodista, senador y primer gobernador puertorriqueño electo

Nació el 18 de febrero de 1898 en San Juan. Hijo de Luis Muñoz Rivera y Amalia Marín. De joven escribió poemas, fue periodista y escribió en importantes periódicos y revistas de Puerto Rico y de otros países. Participó en la fundación del Partido Liberal. Más adelante fundó el Partido Popular Democrático, del que fue su presidente.

Fue Senador y Presidente del Senado. Además, fue el primer gobernador electo de Puerto Rico en 1948 (y reelecto en cuatro ocasiones). Durante su gobierno, mejoró la situación social y económica del país. A partir de 1950, dirigió los trabajos para redactar una Constitución que creó una nueva forma de gobierno para Puerto Rico en asociación con los Estados Unidos. Falleció el 30 de abril de 1980.

Roberto Sánchez Vilella (1913- 1980)
Ingeniero y gobernador de Puerto Rico

El profesor Roberto Sánchez Vilella nació en Mayagüez el 19 de febrero de 1913. En 1934, recibió el grado de Bachiller en Artes en Ingeniería Civil de la Universidad del Estado de Ohio (Ohio State University). En ese mismo año, inicia su larga y distinguida carrera en el servicio público al ser designado ingeniero practicante del Departamento del Interior, en el Proyecto Garzas que le proveyó servicio de electricidad a gran parte de la zona rural de nuestro país.

En 1941, fue nombrado Subcomisionado del Departamento del Interior, luego conocido como Departamento de Obras Públicas. Un año más tarde, pasó a ocupar el cargo de Administrador General de la Autoridad de Transporte hasta 1945, cuando fue designado Administrador de la Capital, posición en que se desempeñó hasta el 1946 cuando se conviertió en Ayudante Especial del Presidente del Senado de Puerto Rico, Luis Muñoz Marín.

En 1947, con el inicio del programa de promoción turística en Puerto Rico, como ingeniero residente, tuvo a su cargo la construcción del edificio del Hotel Caribe Hilton, la única ocasión en que brindó sus servicios en el sector privado.

Don Roberto Sánchez Vilella ocupó simultáneamente los puestos de Secretario de Obras Públicas y Secretario de Estado (1951-1959).

Entre 1964 y 1969 fue gobernador de Puerto Rico. Durante su incumbencia se implantó un extenso programa de construcción de hospitales y Centros de Salud regionales alrededor de toda la Isla; se creó la Comisión de Derechos Civiles; se aprobó la segunda ley de reorganización a la Rama Ejecutiva; se sentaron las bases para una política ambiental; y se dirigió la mirada al Caribe, creándose mecanismos de cooperación e incentivos comerciales. Además, se instauró una reforma educativa, incluyendo la Ley de Reforma Universitaria; se introdujeron cambios significativos a la tributación sobre ganancia de capital; asimismo se implementó una reforma agrícola y se creó la Autoridad de Carreteras. Bajo su gobernación también se fortaleció la separación de poderes mediante cambios en la judicatura que prohibieron los nombramientos de receso y se estableció por primera vez un comité para los nombramientos judiciales. También se enmendó la Ley Electoral y se nombró (mediante orden ejecutiva) la primera Comisión para los Derechos de la Mujer.

En 1968 fundó el Partido del Pueblo, del cual fue presidente hasta 1973, cuando se retiró de la política partidista, aunque sin dejar de participar en la discusión de los asuntos públicos del país. Inició entonces en la cátedra universitaria una nueva etapa de su fructífera vida. De 1974 hasta 1989 fue profesor en la Escuela Graduada de Administración Pública y participó activamente en la discusión con la comunidad universitaria de los asuntos del País. En dicha Escuela diseñó el seminario “Administración y Gobierno de Puerto Rico” e impartió además los siguientes cursos: “Política y Administración Pública”, “Administración y Política Fiscal”, “Gobierno y Administración Municipal”, “Proceso Legislativo, Historia Constitucional, y Administración Pública”, y la “Práctica Supervisada”. También impartió cátedra en la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico, ofreciendo los seminarios "Derecho Gubernamental", "Financiamiento Público", "Ley Electoral de Puerto Rico", y "Gobierno Municipal”. A través de la cátedra promovió los ideales de la sana administración pública.

Durante su vida recibió diferentes distinciones por su dedicación al servicio público, entre las cuales se destaca la Medalla al Mérito de la Sociedad Puertorriqueña de Administración Pública (1963); Doctorados Honoris Causa en Derecho, de la Universidad del Estado de Ohio (1965) y de la Universidad de Puerto Rico (1996) además de un Doctorado Honoris Causa en Ingeniería del Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico (1996).

Publicó, entre otros, “Las relaciones entre Puerto Rico y los Estados Unidos: La necesidad de una revisión” (Revista de la Academia de Artes y Ciencias de Puerto Rico, 1986); “El mito de la cogobernación en Puerto Rico” (Revista de Administración Pública, marzo 1981); “Análisis histórico de los factores determinantes en la política de desarrollo económico en Puerto Rico a partir de la década de 1930” (Revista Jurídica de la Universidad de Puerto Rico, 1974); “Proyecto de Código Hipotecario para Puerto Rico” (1967); “Función y Acción de la Rama Ejecutiva” (1965) y “Discursos de Campaña” (1964).

Hasta el final de su vida mantuvo viva su fibra moral, contribuyendo con su pensamiento al debate del futuro de Puerto Rico a través de entrevistas y la activa participación en el programa radial Voz Primera. Su vida terminó el 25 de marzo de 1997.

Pedro Albizu Campos (1893 - 1965)
Político puertorriqueño

Nació el 29 de junio de 1893 (o el 12 de septiembre de 1891, de acuerdo con otras fuentes) en Ponce, Puerto Rico. Estudió Derecho en la Universidad estadounidense de Harvard. En el año 1930, asumió la presidencia del Partido Nacionalista de Puerto Rico, el cual pretendía la plena independencia respecto de la tutela estadounidense. En 1932 concurrió a las elecciones legislativas, en las que sólo obtuvo 5257 sufragios. En 1936 fue condenado por conspirar para derrocar el gobierno de Estados Unidos en Puerto Rico. Estuvo en prisión entre 1936 y 1943, y regresó a Puerto Rico en 1947.

En 1950 promovió una insurrección armada contra el gobernador de la isla, Luis Muñoz Marín y se le consideró responsable del atentado contra la Casa Blair, residencia del vicepresidente de Estados Unidos, llevado a cabo por un comando puertorriqueño. Otra vez fue condenado a prisión, por la justicia estadounidense, enfermó en enero de 1965 y fue puesto en libertad antes de su muerte, el 21 de abril de 1965 en San Juan. Su entierro fue uno de los más concurridos que se han celebrado en Puerto Rico.

Ramón Emeterio Betances (1827 - 1898)
Doctor, político y abolicionista

Nació en Cabo Rojo el 8 de abril de 1827 y falleció en Neuilly, Francia, el 18 de septiembre de 1898. En el 1853 se doctoró en medicina y cirugía en la Universidad de París, Francia. Ramón Emeterio Betances dedicó toda su vida a luchar por la independencia de Puerto Rico y de Cuba y la abolición de la esclavitud. Desde los Estados Unidos, “El Padre de la Patria”, como lo llaman muchos, preparó una insurrección interna en la Isla, contra el régimen español, el alzamiento conocido históricamente como “Grito de Lares”. Al fracasar la gesta revolucionaria, Betances se trasladó a Paris, donde se dedicó a predicar la causa de la independencia de la patria.

Julia de Burgos (1914 -1953)
Poetisa, dramaturga y educadora

Nació en el Barrio Santa Cruz, en Carolina, Puerto Rico, en 1917 (0 1914, según otras fuentes). Falleció en Nueva York, Estados Unidos, en 1953. Fue poetisa, pero también cultivó el periodismo. Su obra se caracteriza por una capacidad enorme de proyectar la lucha femenina de su tiempo, pero también por la problemática personal, tanto de su vida a veces turbulenta, como de la intuición de su inminente muerte. Su familia era numerosa y pobre, pero sus padres se preocuparon por la educación de sus hijos. En el Barrio Santa Cruz, asistió a la escuela primaria. Desde niña mostró una gran inteligencia. En Carolina llevó a cabo sus estudios secundarios. Terminada la secundaria, ingresó en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras. Sin embargo, no terminó sus estudios superiores, aunque, antes de dejarlos, obtuvo el Certificado de Maestra Normalista.

Desde su inicio en el magisterio se dedicó a la creación poética. Uno de sus primeros poemas fue el famoso “Río Grande de Loíza”. Por ese tiempo, se puso en contacto con algunos de los poetas puertorriqueños modernistas, como Luis Llorens Torres y los vanguardistas Luis Palés Matos y Evaristo Ribera Chevremont. En su poesía se refleja su problemática vital en todos sus aspectos: el feminismo, una vida compleja y el amor bajo sus múltiples vertientes, a veces con una sencillez atractiva, pero lo más común es la nota del erotismo y el sentimiento desgarrador. Recuerda la poesía amorosa y torturada tanto de la uruguaya Delmira Agustini como de la argentina Alfonsina Storni, en particular por su fuerza expresiva. En 1940, Julia de Burgos viajó a Nueva York. En esta temporada fue muy activa, tanto en recitales de su propia poesía, como en discursos pronunciados en diversos centros culturales, casi siempre invitada por puertorriqueños radicados en esta metrópolis.

Abandona Estados Unidos para pasar a Cuba, con su amante, el doctor Juan Jiménez Grullón, y en donde continuó con sus proyectos de conferencias y producción poética. Pudo identificarse fácilmente con el pueblo cubano, pero pronto tuvo que dejar Cuba, porque ocurrió la precipitada ruptura con su amante. Salió, pues, de Cuba para irse nuevamente a Nueva York. Conoció allí al músico Armando Marín. Se casaron y se trasladaron a Washington. En esta ciudad conoció brevemente al laureado poeta Juan Ramón Jiménez.

Volvió a Nueva York, pero su actividad literaria mermó mucho, debido a sus problemas de salud física y emocional, ya que se volvió adicta al alcohol y, como consecuencia, desarrolló una fuerte cirrosis hepática. Todo ello la llevó a una temprana muerte. En vista de su reputación y prestigio literarios, en 1987 el Colegio Universitario de Humacao le otorgó el Doctorado Honoris Causa en Letras, Post Mortem.

José de Diego y Benítez (1866 - 1918)
Abogado, poeta, periodista, ensayista, orador y político

Nació en Aguadilla el 16 de abril de 1866 y falleció en Nueva York el 16 de julio de 1918. Fue gran defensor del idioma español y de la cultura puertorriqueña, por lo cual se le ha llamado «Caballero de la Raza».

Cursó la enseñanza primaria en Mayagüez y el bachillerato en el Colegio Politécnico de Logroño, ciudad española en la que fue miembro del comité Republicano Progresista y donde dio a conocer sus primeros versos a través de la publicación “La Semana Cómica”. Por este tiempo (1885) publicó en el periódico “El Progreso” de Madrid un poema en que criticaba la situación política imperante en su patria; debido a ello, fue encarcelado. Desde Logroño, también colaboró en otras publicaciones de la capital de España y en las puertorriqueñas “El Buscapié” y “El Palenque de la Juventud”.

En 1886 regresó a la Isla y poco después conoció a la joven Carmen Echeverría de quien se enamoró. Fruto de ese amor frustrado por la oposición de los padres de la joven es el célebre poema “A Laura”. Regresó a España a continuar la carrera de Derecho en la Universidad de Barcelona. Por motivos de salud, tuvo que abandonar dichos estudios y regresar a Puerto Rico. Posteriormente, concluyó la carrera de abogado (1891) y el doctorado en Derecho (1892) en la Universidad de La Habana.

Ocupó los siguientes cargos: fiscal en el Juzgado de Primera Instancia en Arecibo, subsecretario de Gracia, Justicia y Gobernación y luego magistrado de la Real Audiencia Territorial de Puerto Rico (durante el breve gobierno autonómico, 1898), fiscal y presidente de la Audiencia de Mayagüez (1899), miembro del Consejo Ejecutivo (1900) y de la Cámara de Delegados (1903-1917), que presidió a partir de 1907 hasta que se creó la Cámara de Representantes (1917), que también presidió hasta su muerte. Fue cofundador y presidente del Partido Unión de Puerto Rico (1914), del cual se separó dos años después, cuando el partido pretendió posponer el reclamo de independencia para Puerto Rico. A su labor como legislador se debe la aprobación de leyes en favor del obrero y el campesino puertorriqueño y el establecimiento del Colegio de Agricultura y Artes Mecánicas, hoy Recinto Universitario de Mayagüez. Defendió la enseñanza obligatoria en español en las escuelas de la isla. En 1915, viajó a Santo Domingo y Cuba en busca de apoyo para el proyecto de la Unión Antillana. Fue profesor de Derecho Romano, presidente del Ateneo Puertorriqueño y de la Sociedad de Escritores y Artistas, miembro de la Real Academia Hispanoamericana de Cádiz, miembro de la Academia Internacional de la Historia de París, así como de otras entidades importantes de la época.

Entre lo más destacado de su obra poética se encuentran los libros “Pomarrosas” (1904), “Jovillos. Coplas de estudiantes” (1916) y “Cantos de pitirre” (publicado póstumamente en 1949). Murió en 1918 en Nueva York a donde había viajado en busca de remedio para la gangrena que sufría desde hacía varios años.
 

Rafael Hernández (1896-1965)
Músico y compositor

Nacido en el pueblo de Aguadilla, a los 12 años inició sus estudios musicales con los profesores José Rullán Lequerica y Jesús Figueroa. Perfeccionando su técnica, aprendió a tocar instrumentos tan diversos como el cornetín, el violín, el trombón, el bombardino, la guitarra y el piano. En su adolescencia se trasladó a vivir al sector de Puerta de Tierra, en San Juan, y tocó con la Orquesta Municipal bajo la dirección de Manuel Tizol.

En 1912 compuso su primera canción, la danza “María y Victoria”, pero al llegar la entrada de Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial, tuvo que servir en las Fuerzas Armadas. Integrado a la vida militar, tocó en la Banda de Música del Ejército. Al licenciarse, se radicó en Nueva York donde conoció en la bohemia de la época figuras como Luis Muñoz Marín, Luis Llorens Torres, Luis Palés Matos y Pedro Flores.

Un contrato lo llevó a Cuba para dirigir la orquesta del Teatro Fausto de La Habana. Luego de cuatro años en la Antilla Mayor, regresó a la Gran Manzana donde organiza el Trío Borinquen. Luego de un breve periodo de éxitos, en el que se destacaron temas de su autoría como “Siciliana”, “Me la pagarás” y “Menéalo”, el Trío Borinquen se disolvió y Rafael fundó una nueva agrupación. El proyecto, llamado originalmente Grupo Hernández, cambió su nombre por el de Conjunto Victoria y con él tuvo uno de los periodos más importantes de su ascendente carrera.

Entrada la década del 40, Rafael Hernández viajó a México a cumplir un contrato de tres meses, pero su estadía en la tierra de Benito Juárez se extendió por espacio de 16 años, casándose entonces allí. En este país, que siempre definió como su segunda patria, cursó estudios avanzados en el Conservatorio Nacional de Música, obteniendo el grado de Maestro de Armonía, Composición, Contrapunto y Fuga.

Regresó a Puerto Rico en el 1953 y luego de varias exitosas giras a distintos pueblos de la Isla, trabajó como consultor musical en la naciente estación radial del Gobierno, WIPR. Entre el 1956 al 1959 fue Presidente Honorario de la Asociación de Compositores y Autores de Puerto Rico. Comprometido con las causas cívicas, fundó junto a otros líderes cívicos la organización de béisbol para niños conocida como “Pequeñas Ligas”. El 11 de diciembre de 1965, falleció Rafael Hernández después de una prolongada lucha contra el cáncer. Su legado de arte al mundo abarca prácticamente todos los géneros musicales, contando sobre 3,000 composiciones, entre las que se encuentran: “Lamento borincano”, “Silencio”, “Ausencia”, “Campanitas de Cristal”, “Preciosa” y la nana convertida en rumba, “El Cumbanchero”. También compuso el corrido mexicano “Qué Chula es Puebla”, considerado como himno regional de ese estado mexicano. El tema “Linda Quisqueya” es apreciado por algunos dominicanos como el segundo himno de su patria.

La obra musical de Rafael Hernández constituye un legado de incalculable valor en el pentagrama de la música puertorriqueña e hispanoamericana. Su vida nos ha quedado como ejemplo imperecedero de sensibilidad, constancia y superación. Y como prueba de su trascendencia en el pentagrama, en las postrimerías del siglo XX, sus canciones han sido incluidas en los repertorios de algunos intérpretes contemporáneos de la salsa, el rap, el reggae, el ska y el rock.

Fuentes
Buscabiografias.com

El Castillo de San Felipe del Morro

El Castillo de San Felipe del Morro fue declarado Patrimonio de la Humanidad por las Naciones Unidas en 1949. El Morro, que significa promontorio, es el fuerte más conocido en Puerto Rico y fue establecido originalmente para mantener fuera de San Juan a los enemigos que llegaban por mar. Hoy en día, recibe a dos millones de visitantes anuales, procedentes de la isla o de fuera de ella. Mediante sus murallas y pasadizos, los 400 años de historia de España en Puerto Rico vuelven a la realidad.

El Morro, conocido oficialmente como el Fuerte San Felipe del Morro, se asienta sobre un gran promontorio que mira hacia la entrada de la bahía de San Juan, frente al Océano Atlántico. Esta fortificación es el resultado de los esfuerzos combinados de muchos ingenieros españoles a lo largo de más de 200 años de trabajo y construcción.

A pesar de que sus cimientos se levantaron en 1539, los trabajos de construcción del fuerte de seis niveles no se consideraron terminados sino hasta el 1787. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Gobierno de los Estados Unidos le añadió un anexo.

El Fuerte es parque histórico nacional del Servicio de Parques de los E.U., y fue declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

Las murallas de esta imponente estructura fueron testigos de innumerables ataques por parte de las flotas de Sir Francis Drake, en el año 1595, y de las flotas holandesas en 1625.

En 1898, los buques americanos abrieron fuego contra sus murallas durante la Guerra Hispanoamericana, destruyendo su faro, que más adelante fue restaurado.

Visite sus calabozos y pasadizos secretos, capture las imágenes de sus cañones que todavía hoy protegen la costa y contemple la imponente vista al Océano Atlántico desde sus altísimas murallas de más de 60 pies. Recorra en las tardes sus inmensas áreas verdes, por donde una vez marcharon los soldados, y disfrute mirando a los niños volar sus cometas en la suave y constante brisa del mar.

Esta imponente estructura puede visitarse todos los días desde las 10:00 a.m. hasta 5:00 p.m., ya sea por su cuenta o en una de las excursiones guidas, que lo llevarán a lo largo de sus pasadizos y bóvedas, sus pintorescas garitas y sus torres de observación.

El Morro está ubicado en la punta noreste del Viejo San Juan, justo al final de la calle Norzagaray, detrás del Cuartel de Ballajá.

Cómo llegar

Desde el Aereopuerto Internacional Luis Muñoz Marín, tome la carretera 26 y luego la carretera 25 hacia el Viejo San Juan. Doble a la derecha en la calle Norzagaray, que lo conducirá directo hasta El Morro.

Fuente: Compañía de Turismo de Puerto Rico


Historia en un vistazo
1519 – Colonizadores españoles de Caparra fundan San Juan
1539 – El rey Carlos V autoriza la construcción de las primeras defensas en los puertos de El Morro y La Fortaleza.
1587 - Los ingenieros Juan de Tejada y Juan Bautista Antonelli crean el diseño principal de El Morro.
1589 - El gobernador Diego Menéndez comienza la construcción de El Morro.
1595 - Sir Francis Drake ataca sin éxito El Morro por mar. Artilleros de El Morro disparan una bala de cañon a la cabina del buque insignia de Drake.
1598 – El Conde de Cumberland ataca San Juan por tierra y logra tomar por primera y última vez El Morro en una batalla. Las fuerzas inglesas se mueven al fuerte, pero están tan debilitadas que se retiran tras sólo seis semanas.
1625 – Los holandeses, liderados por Boudewijn Hendricksz atacan y toman San Juan por tierra. El Morro no logra ser tomado, pero el resto de la ciudad es saqueada y quemada.
1630 – El Gobernador Enrique Enríquez de Sotomayor comienza la construcción de las murallas de la ciudad. El trabajo continúa hasta 1678, cuando la ciudad es rodeada completamente.
1765 – El Mariscal Alejandro OReilly y el Ingeniero Tomás ODaly reforman las defensas de San Juan al reorganizar las guarniciones.
1843 – Primer faro construido en Puerto Rico, localizado encima de El Morro.
1898 – Buques de guerra de la marina de los Estados Unidos cañonean El Morro en un largo bombardeo el 12 de mayo de 1898 y dañan la punta de la batería principal. Seis meses después, Puerto Rico se convierte en territorio estadounidense, bajo el Tratado de París, el cual culmina la Guerra Hispanoamericana
1908 – La Marina estadounidense construye el faro localizado actualmente en la cima de El Morro.
1942 - Al ser una instalación militar activa cuando la Segunda Guerra Mundial estalla, se añaden a El Morro puestos de observación de artillería y un refugio subterráneo.
1949 – Se declara sitio nacional histórico a San Juan (San Juan National Historic Site).
1961 – El ejército de los Estados Unidos se muda de los fuertes del Viejo San Juan, y éstos pasan a la jurisdicción del Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos (US National Park Service) para ser preservados como museos.
1983 – El sitio histórico de San Juan se declara un Patrimonio de la Humanidad por las Naciones Unidas.
1992 – Como parte de una restauración centenaria, los suelos de El Morro son restaurados a su apariencia en el siglo XVIII, luego de remover las modernas calles y estacionamientos.

Fuente
National Park Service (traducido por Santiago Suárez)

Jesús T. Piñero: su vigencia hoy (por Jaime Partsch McMillan)

Conferencia ofrecida el jueves, 22 de abril de 2004 en la Biblioteca
de la Universidad del Este, Carolina, Puerto Rico en la
inauguración de la Colección Jesús T. Piñero


Durante mis años de maestro de historia a nivel de escuela superior, inevitablemente, todos los años, por lo menos uno de mis estudiantes me hacía la pregunta obligada en todos los cursos de historia. “¿Para qué sirve estudiar la historia, si todas estas personas ya están muertas?” Y yo, todos los años, trataba de evitar responderle con las frases de rigor que suelen utilizar los maestros de historia – frases tales como “para no repetir los errores del pasado”, o “para aprender de los hombres y las mujeres del pasado”, o simplemente “para ejercer la memoria”. Ahora, nunca pude dudar ni dudo hoy de la validez de la pregunta. Y creo que una pregunta similar puede formularse hoy con respecto a esta actividad. “¿Para qué estudiar la historia de un hombre que falleció hace más de cincuenta años? ¿Qué tiene que ver un hombre como Jesús T. Piñero con el Puerto Rico de hoy, con los problemas, o mas bien, mega-problemas, que existen en esta sociedad? Con tantas y tantas situaciones urgentes que exigen una atención ponderada y constante, ¿por qué dedicar tiempo, esfuerzo, y recursos, a estudiar la vida de un hombre que pertenece al pasado? Aun más, ¿qué tiene que ver Piñero con la Universidad, con los retos y las labores de los universitarios del siglo XXI? Estas preguntas también son válidas. Merecen respuestas e intentaré formular algunas esta mañana.

Creo que no exagero si afirmo que Jesús T. Piñero es una de las figuras mayores más olvidadas del siglo XX en Puerto Rico. El ciudadano promedio sabe, a lo mejor, que Piñero fue el primer gobernador puertorriqueño. Algunos saben que fue Comisionado Residente. Otros que fue amigo y colaborador de Muñoz Marín. Y quizá algunos saben que fue el dueño de una casa color rosado que se encuentra en la 65 de Infantería frente a la entrada al hipódromo. Seguramente, el nombre de Piñero es más conocido por la avenida que lleva su nombre que por ninguno de los hechos anteriores. No es importante aquí señalar la causa de esta amnesia colectiva. Piñero no es el único gran hombre que ha sido relegado al rincón del olvido. Lo que sí es importante rescatar de las sombras es el significado de su vida. Hay una riqueza en la vida, en las acciones, los valores e ideales de este hombre que pueden beneficiarnos a todos. El legado de Piñero es una especie de tesoro escondido. Veamos de qué consiste este tesoro.

Antes de hablar de la vida de este hombre hay que establecer a grandes rasgos algunas de las características del mundo que lo rodeó. En particular, hay que ver el mundo de las décadas de 1930 y 1940, época en que desarrolló su carrera de servicio público. Sabemos que fueron años extremadamente conflictivos en Puerto Rico. Los estragos de la Gran Depresión que sacudieron los cimientos del capitalismo en los Estados Unidos y a nivel mundial, en Puerto Rico empobrecieron aún más a un pueblo que ya luchaba por su sobrevivencia. El azúcar dominaba prácticamente todos los aspectos de la vida diaria de las masas. El poder económico, político y social de los grandes intereses absentistas, apoyado por un régimen político abiertamente colonial, rechazaba cualquier cuestionamiento, por mínimo que fuese, de su hegemonía. Las llamadas “fuerzas vivas” luchaban para mantener su control sobre la sociedad. Las agrupaciones políticas, divididas entre aliancistas y coalicionistas, entre liberales y republicanos, luchaban por controlar el acceso a los fondos públicos y el patronazgo político. Mientras tanto, desde 1930, el Partido Nacionalista, bajo la dirección de Don Pedro Albizu Campos, desarrolló una política de confrontación directa con el poder metropolitano.

A nivel mundial también se levantaron las fuerzas del nazismo y el fascismo. El odio, la xenofobia y el racismo asumieron formas y poderes jamás vistos en la historia de la humanidad. A la vez, los pueblos coloniales reforzaron sus luchas de emancipación. Dentro de este escenario, polarizado y violento, Jesús T. Piñero desarrolló su vida de servicio.

Antes de examinar la carrera de este hombre y su significado hoy, creo que conviene analizar la personalidad de Piñero. Después de todo, es él quien ha dado pie a nuestra presencia aquí esta mañana. Definitivamente no quiero someterles a ustedes a tener que escuchar una letanía de fechas y acontecimientos que poco podrían significar y que podrían hasta disminuir el significado de esta actividad. Pero, en el caso de Piñero, creo que es necesario traer a nuestra memoria ciertos datos sobre su persona. Y creo que en el caso de este hombre, ejercer la memoria es un acto de responsabilidad cívica e intelectual.

Comienzo señalando, antes que nada, una de las principales características de Don Jesús, un rasgo de su personalidad que fue señalada prácticamente por unanimidad por todas las personas que lo conocían: la bondad. Jesús T. Piñero era un hombre “bueno”. Su amigo y compañero de luchas, Don Luis Muñoz Marín, dijo que más que un buen hombre, Piñero era un hombre bueno en el sentido más amplio de la palabra. También dijo Muñoz que no usaba la “T” de su segundo nombre Toribio cuando se refería a Jesús Piñero porque los santos no tenían iniciales. En testimonios, entrevistas, artículos y ensayos sobre la vida de este hombre, sale constantemente la afirmación de la bondad, la generosidad, la candidez de esta figura. Y aunque la palabra bondad, o el ser “bueno”, puede sonar superficial, baladí o irrelevante, si queremos hablar de la vigencia de Piñero hoy, si uno quiere medir su posible aportación al Puerto Rico del siglo 21, no se debe subestimar la importancia de este valor fundamental. Y cuando hablamos de la bondad de Piñero no estamos proponiendo su canonización ni proponemos fabricar otra figura venerable para ofrecer a las masas. Estamos hablando de un hombre, con sus limitaciones y errores, quien durante su corta vida de 55 años trató de hacer el bien según se lo dictaba su conciencia. Y en el caso de Piñero, y de la misma manera en que sucede con tantos hombres y mujeres, el pueblo se ha olvidado de un hombre verdaderamente bueno. Esta bondad se fundamentaba en el respeto más firme a la dignidad de los seres humanos. El cinismo, el ataque personalista, el chisme, no formaban parte de su acción política. Ganó el respeto de su pueblo ejerciendo ese mismo respeto hacia sus compatriotas.

En general, los medios masivos hoy no proponen al hombre “bueno” como paradigma para el éxito. Más bien, el hombre listo, el hombre astuto, el agresivo, el hombre que puede jugar con la verdad y con los escrúpulos es el que aparece como el modelo a seguir. Los hombres buenos, como dice el refrán, terminan último, si es que llegan a competir. Sin embargo, considero que el desencanto que tantas personas viven hoy con los patrones de conducta, con los modelos de comportamiento creados por los medios, es un indicio del deseo de muchos puertorriqueños del siglo XXI de encontrar otra manera de ser “exitoso” que tome en cuenta cualidades tan aparentemente secundarias como la “bondad”. Jesús T. Piñero participó activamente, y con cierto éxito, en la vida económica, social, política y cultural de su época, sin perder su sensibilidad humana, sin dejarse dominar por la ambición, el afán de riqueza ni el cinismo. Esto en sí es un gran logro.

Una segunda característica de Piñero es su inteligencia. El psicólogo norteamericano Howard Gardner ha desarrollado la teoría de las inteligencias múltiples. Según este modelo, la inteligencia humana no puede ser medida solamente por las tareas académicas ni las pruebas de “IQ”. Al contrario, los seres humanos desarrollamos y ejercemos la inteligencia en varios campos de acción y cada uno de estos campos tiene sus propias exigencias para la inteligencia humana. Una de las manifestaciones de ella es lo que Gardner llama la inteligencia “interpersonal”. Según la teoría, esta inteligencia se caracteriza por la capacidad de entender las acciones e ideas de otras personas. Exige que la persona entienda y responda a los deseos, expectativas, ideas y conducta de los demás. Las personas que desarrollan esta clase de inteligencia tienen una gran capacidad para entender los comportamientos tanto de individuos como de grupos. Son personas que ejercen la empatía. Personas con inteligencia interpersonal van construyendo sus ideales y valores a base de sus propias experiencias y sus reflexiones sobre ellas. En vez de utilizar las matemáticas, las ciencias, o las artes como instrumentos para entender y cambiar el mundo, el individuo con la inteligencia interpersonal, intenta ordenar y entender su mundo a través de sus experiencias con otros seres humanos y las lecciones que aprende de ellas. Me parece que Piñero poseía una inteligencia interpersonal extraordinaria. No era un hombre dogmático. No era doctrinario. No invertía tiempo ni energía en la elaboración de principios elevados ni discursos. De hecho, cuando los reporteros de los periódicos de la época le preguntaron a qué se debía su éxito en la política y su gran popularidad, Piñero contestó: “No doy discursos políticos.” Fue a través de su trato con la gente que le rodeaba y sus propias reflexiones que Jesús T. Piñero fue construyendo su visión del mundo y sus intentos por transformarlo.

Como ejemplo de la ausencia del dogmatismo en su vida podemos señalar el hecho de que Piñero perteneció a y fue activo en tres partidos políticos diferentes durante su vida. Durante su juventud fue miembro del Partido Republicano y fue electo a la Asamblea Municipal de Carolina por el Partido Unión Republicana. Luego, ingresó al Partido Liberal y se postuló, sin éxito, para Representante a la Cámara por esa colectividad en las elecciones de 1936. Y desde 1938 ayudó a fundar el Partido Popular Democrático, siendo él uno de los principales responsables por la inscripción del mismo. Para Piñero, los partidos eran medios para lograr un objetivo. El poder político no era un fin en sí mismo, sino más bien, un instrumento para producir mayor bienestar en una sociedad.

En 1934 presidía la Asociación de Colonos de la Caña. Luchó para lograr la aplicación de los beneficios de la ley federal “Costigan-Jones” a los agricultores. Pudo ver como sus compañeros del Partido Republicano defendieron los intereses de las grandes corporaciones ausentistas frente a las enormes y dramáticas necesidades del agricultor y del campesino. Esto produjo un conflicto en la conciencia de Piñero que le llevó a abandonar las filas del republicanismo e ingresar al Partido Liberal. Dos años después vio como el Partido Liberal dio la espalda al nuevo liderato que surgía al expulsar a Muñoz Marín y a sus colaboradores. De nuevo, su conciencia y sus lealtades lo llevaron al salir de este partido también. Y cuando parecía que moría el sueño de formar una nueva agrupación política que defendiera al campesino e hiciera frente a los grandes intereses, Jesús T. Piñero respondió a su conciencia, al deseo de hacer el bien, y logró la inscripción del Partido Popular Democrático.

Me parece que éste es un claro ejemplo de la vigencia de Piñero hoy. La práctica de la política como el ejercicio del poder para lograr el mayor bien para el mayor número de personas nos hace falta hoy. Al asumir la gobernación de Puerto Rico en 1946, Piñero declaró que su administración era un “gobierno de pobres para pobres”. Uno de sus primeros actos como gobernador fue reducir en más de la mitad el número de guardias en la Fortaleza. Insistió en utilizar su propio carro para transportarse y en pagar de su propio bolsillo sus gastos de transportación. Aunque parece increíble, el presupuesto del gobierno en su segundo año de gobernación fue menor que el del primer año. Insistió en la eficiencia y la austeridad en los servicios públicos. Cuando vetó el proyecto legislativo que aprobaba diez mil dólares para enviar la primera delegación puertorriqueña a las Olimpiadas de Londres en 1948, alegó que sería más provechoso para los puertorriqueños que ese dinero se utilizara comprando bates y bolas y creando parques de pelota para los niños del país que enviando a unos pocos a las competencias internacionales. Y que conste, que Piñero apoyó la participación de Puerto Rico en la olimpiadas.

¿De dónde surgió en Don Jesús el deseo de servir, de participar en la política? Nació en una familia de propietarios y comerciantes que por dos generaciones había jugado un papel de cierta importancia económica y política en el pueblo de Carolina. Sus abuelos y tíos, tanto paternos como maternos, los Piñero y los Jiménez, además de su padre, habían sido alcaldes y concejales en el ayuntamiento, además de comisarios de barrio. Su abuelo paterno estableció el primer matadero del pueblo. Creció en un ambiente en que las actividades económicas y políticas eran inseparables. Aprendió esta lección y la vivió toda su vida.

Y se puede preguntar: ¿Y qué tiene que ver Jesús T. Piñero con la universidad? Sabemos que él estudió en la Universidad de Puerto Rico y en la Universidad de Pennsylvania. Sin embargo, no está claro que se haya graduado. Su espíritu inquieto lo movió hacia otras actividades. Esto no quiere decir que Piñero no apreciaba el mundo intelectual o que no valorizaba las aportaciones de las universidades a la sociedad. Prueba de esto es el hecho de que él fue el primer Presidente de la primera Junta de Síndicos del Puerto Rico Junior College, hoy el Sistema Universitario Ana G. Méndez. Su amistad con Doña Ana y su fe en el valor de la educación lo llevaron a asumir este compromiso hasta el momento de su muerte. También fue uno de los signatarios de la carta fundacional de la Universidad Católica en Ponce.

Más aún, Piñero no sólo apoyaba las universidades y los estudios universitarios. El mismo poseía una actitud universitaria. Poseía una mente amplia y una enorme curiosidad. Le interesaban las plantas y los animales, la tecnología, la literatura, la política, la ciencia, la historia. Tenía gran interés en los nuevos movimientos sociales y políticos. De hecho, su interés y curiosidad le ganaron una investigación por parte del F.B.I. Durante la década de los cuarenta, los comienzos de la Guerra Fría, el archifamoso director del Negociado Federal de Investigaciones o el “F.B.I.”, J. Edgar Hoover, ordenó a sus agentes a rastrear la correspondencia de Piñero y éstos descubrieron con horror, que Don Jesús recibía literatura de la Embajada Soviética en Washington. Claro, para Piñero estas publicaciones respondían a su interés en conocer lo que pasaba en aquella región del mundo. Tenía interés en cómo funcionaba el sistema soviético, en saber cómo el nuevo sistema económico y político cambiaba la vida de los agricultores. Pero para Hoover, sin embargo, esto comprobó que Don Jesús, tenía sin duda, “tendencias comunistas”.

Como otro ejemplo de su mentalidad universitaria, en 1948, la Comisión del Caribe propuso publicar un estudio sobre los problemas poblacionales en la región. El informe incluyó el tema del control de la natalidad. Los gobiernos metropolitanos de las Antillas Francesas y Británicas pidieron que no se publicara el informe ya que el mismo podría producir choques con la Iglesia Católica. Para Piñero, en ese entonces gobernador de la Isla, el tema no era un problema, ya que según él, en Puerto Rico se discutía el tema libremente, gústele o no a los católicos.

La actitud universitaria de Piñero también tiene gran vigencia para nuestro mundo actual. Padecemos los estragos del fanatismo, de múltiples fanatismos. Las sectas fundamentalistas, tanto islámicas como cristianas, igual que los fanatismos políticos, persiguen el fin de cerrar los ojos y las mentes de millones de seres humanos para imponerles el velo de una fe ciega y esclavizante. El terrorismo intenta manipular las decisiones de países y multitudes a través de la violencia más cruda con las armas del miedo. Frente a estos fanatismos, la razón, el pensamiento y el diálogo son los medios más preciados para construir una sociedad realmente humana. Estas son características de un hombre como Jesús T. Piñero y deben ser el modus operandi de toda universidad y de los universitarios. La tolerancia, la fe en el ser humano y en la razón que guiaban la conducta de Piñero pueden enseñarnos mucho al sistema universitario.

Jesús T. Piñero se consideraba a sí mismo como un hombre “moderno”. Era una especie de “apóstol de la modernidad”. Tenía una enorme y muy sólida fe en la fuerza y la eficacia de la ciencia, la tecnología, la investigación sistemática. Le apasionaban los adelantos científicos de su época. Sabemos que fue un pionero de la radio en Puerto Rico. Fue el segundo radioaficionado en la Isla y miembro del “American Radio League” en Puerto Rico. Su número de licencia fue el 4KT. Con la ayuda de unas revistas logró construir él mismo, en su casa, un aparato de recepción radiotelegráfica.

Lo que fue típico en este hombre fue la necesidad de no tan sólo investigar y experimentar con los conocimientos científicos sino propagarlos de modo que otros se beneficiaran de ellos. Su interés en la radio lo llevó a formar, junto con otros radioaficionados, en 1922 la organización “Porto Rico Radio Club”. Al final del primer año de su existencia, este grupo ya contaba con más de 400 socios. Y, junto con la organización del Club, Piñero colaboró con la publicación de un boletín editado en inglés y español, Porto Rico Radio News. En esta publicación Piñero se encargaba de los editoriales en español y de las caricaturas.* Miembros del club también organizaron clases sobre la radio que transmitieron por la ondas radiales y llegaron a montar su propia estación transmisora.

Sin duda Piñero era un propagandista innato. Compartió no tan sólo recursos económicos de su propio bolsillo para el beneficio de muchos sino también comunicó su entusiasmo por la ciencia, la tecnología, por todo lo que él consideraba un adelanto para la sociedad. Se ocupó de esparcir el conocimiento y la tecnología en su medioambiente.

Sabemos también que tenía un profundo interés en la fotografía y la cinematografía. En muchas ocasiones utilizaron fotos tomadas por él para ilustrar las páginas del periódico El Batey, la publicación oficial del Partido Popular Democrático. Fue también pionero en el campo de la educación de la comunidad. De nuevo, su interés en la fotografía y el cine lo llevó a querer compartir la riqueza de estos medios con los demás. Piñero cargaba con su proyector y con películas que él había conseguido sobre diversos temas de la salud, y visitaba los campos para divulgar los últimos conocimientos sanitarios entre los jíbaros de la montaña. Con una sábana como pantalla de cine, utilizaba los medios más modernos de su época para llevar a las comunidades pobres las imágenes del mundo del progreso que él aspiraba implantar en Puerto Rico. Fue un verdadero precursor de lo que luego sería la División de Educación de la Comunidad. De hecho, fue bajo la gobernación de Piñero, que un grupo de hombres y mujeres con mucho talento y pocos recursos, personas tales como Jack Delano, Edwin Rosskam, y Amilcar Tirado, crearon dentro de la Comisión de Parques y Recreos Públicos la oficina de la “División de Educación Visual”, que más tarde se convirtió en “Educación de la Comunidad”**.

Don Jesús estaba convencido de la función social del conocimiento científico y de la obligación de los intelectuales y científicos a divulgar el conocimiento. El elitismo académico era ajeno al espíritu de Piñero. Todo conocimiento conlleva una responsabilidad social. Como un hombre “moderno” estaba convencido de que los adelantos tecnológicos traerían adelantos sociales.

Quizás el mejor ejemplo de su fe en la modernidad se percibe en su participación en los proyectos de la compañía “Long Construction” y proyectos tales como los edificios Darlington y urbanizaciones como Caparra Terrace. Desgraciadamente, estos proyectos que él asumió con tanta ilusión y esperanza, lo llevaron, a la larga, a los días más oscuros de su vida. Piñero conocía la desesperante situación de vivienda que sufrían miles de personas. Irónicamente, el mismo proceso de industrialización que impulsaba Piñero alimentó los arrabales de San Juan con la migración masiva de campesinos de las zonas rurales a las ciudades. Él vió en la construcción en masa de hogares seguros, construidos con materiales “modernos”, una solución a esta crisis.

Hoy, nuestro mundo “post-moderno” mira con escepticismo a las promesas de lo moderno. La era atómica nos ha hecho dudar de la neutralidad de los medios modernos y de la ciencia. La desolación de nuestros paisajes a manos de los llamados “desarrollistas” ha erosionado la fe de muchos en los megaproyectos de urbanización. Los laberintos de cemento y asfalto que hoy llenan el área metropolitana nos podrían llevar a cuestionar el valor de esta aportación de Piñero y sus colaboradores. Pero lo que sí podemos afirmar es el compromiso de este hombre de buscar soluciones y caminos para atender las situaciones infrahumanas de miles de sus compatriotas.

Piñero tenía una gran fe en la imaginación. Fue un hombre creativo y creador. La política para él fue un ejercicio de la creatividad y la imaginación. Era un esfuerzo por hacer realidad un sueño, una visión. Sin duda, nuestra vida política y social en los comienzos del siglo XXI adolece de visión, ilusión y creatividad. Adolece de la sensibilidad humana necesaria para crear grandes proyectos. No necesitamos proyectos grandes. Los desarrollistas nos abruman con enormes construcciones de cemento y asfalto. Sin embargo, hacen falta grandes sueños, grandes ilusiones, que motiven a crear un Puerto Rico que se pueda medir por la grandeza de sus ideales, de sus valores, de su empeño en crear una sociedad más humana. Sin duda, la figura de Piñero tiene mucho que aportar a la creación de ese sueño.

Veremos a continuación un segmento de la película “Jesús T. Piñero”. La misma se produjo en 1948. Copia de ella se guarda aquí en la Colección Piñero. La original se encuentra en el Archivo de Imágenes en Movimiento del Archivo General de Puerto Rico. La comparto con ustedes esta mañana por varias razones. Primero, para darnos una mejor imagen de cómo era este hombre. Segundo, para invitarles a pasar por la Colección Piñero para ver más sobre este hombre y tercero, para ver algo de la ilusión de una época. Sin duda, esta película se creó con algunos fines propagandísticos. El nombramiento del primer gobernador puertorriqueño fue saludado por muchos, incluyendo el gobierno de los Estados Unidos, como un gran logro de los puertorriqueños y en particular de Muñoz Marín y sus seguidores. Se sabe que el Departamento de Estado de los Estados Unidos envió a Puerto Rico un equipo de cine para filmar la juramentación de Piñero. Luego hicieron copias de la misma para distribuir en América Latina como evidencia del proceso de auto-determinación que el nombramiento de Piñero supuestamente significaba.

Sin embargo, esta película refleja algo también de la ilusión de una época. Existía la ilusión, la esperanza, de encontrar caminos de dignidad. Debemos recordar aquí, que el último gobernador norteamericano en Puerto Rico y antecesor de Piñero, Rexford G. Tugwell, había señalado que el sentido de dignidad que poseían los puertorriqueños era una especie de enfermedad, de debilidad congénita, y que, si la Isla iba a progresar, había que extirpar de la mente y del corazón de los puertorriqueños este maligna noción de “dignidad”. Para Tugwell, el concepto de “dignidad” de los puertorriqueños era un enorme obstáculo al progreso. En parte, la película “Jesús T. Piñero” es una respuesta al nefasto diagnóstico de Tugwell. Es una afirmación que, aunque pequeño, el nombramiento de Piñero a la gobernación era un paso adelante en el camino hacia un futuro de mayor dignidad. Se respira en esta producción el orgullo que sentían muchos al saber que por primera vez en cuatrocientos años, uno de los suyos, el “jíbaro de Carolina”, ocupaba el lugar de Gobernador en La Fortaleza. El propio Piñero estaba muy consciente de las limitaciones que conllevaba ser gobernador por nombramiento presidencial. Sin embargo, vio en el la oportunidad de dar continuidad y de ampliar los avances hacia la plena auto-determinación y libertad que él y otros anhelaban. Veamos ahora los primeros minutos de la película “Jesús T. Piñero”.

*Consejo Superior de Enseñanza, Caminos del Aire (1951), págs. 24 – 29.
** Idilio tropical, historia del cine en Puerto Rico. “Educación de la comunidad”, pp. 29-30.

La Bandera de Puerto Rico

El significado de la bandera

La palabra viene del vocablo alemán ""bandwo"", que quiere decir “signo”. Las banderas identifican la personalidad moral e histórica de las entidades que representan. Las primeras banderas tenían un propósito militar. En los combates, el primer objetivo de ataque era derribarla, lo cual equivalía a la derrota del enemigo. Se cree que esta noción se originó en la antigua China o la India.

El uso de la bandera se popularizó a partir de la Tercera Cruzada en el siglo XII. Después de la Revolución Francesa de 1789, su utilización se ha hecho común como símbolo de republicanismo para representar e identificar genuinamente las diferentes nacionalidades.

La bandera de Puerto Rico

Los Reyes Católicos Fernando e Isabel otorgaron una bandera a Puerto Rico. Esa bandera es contemporánea con el primer escudo de armas. Igual que sucedió con el primer escudo, el original de esta bandera también se extravió. La primera bandera puertorriqueña fue la del Grito de Lares en el 1868. Esa bandera la confeccionó Mariana Bracetti, conocida como “Brazo de Oro”, y fue basada en un diseño del Dr. Ramón Emeterio Betances.

En el 1895, al principio de la Guerra Revolucionaria Cubana, había en Nueva York una sección del Partido Revolucionario Cubano llamada “SPR” (Sección de Puerto Rico), dirigida por José Julio Henna, Roberto H. Todd, Juan M. de Terreforte, Sotero Figueroa, Aurelio Méndez y Manuel Besosa. Ahí se decidió adoptar una nueva bandera para sustituir la del Grito De Lares, que era la que los boricuas usaban en ese tiempo. Se decidió entonces recalcar simbólicamente la unión de la lucha cubana y la lucha puertorriqueña, imitando el símbolo de la insurrección cubana, pero con los colores invertidos. El diseño fue presentado a la asamblea de miembros por don José de la Matta Terreforte, uno de los sobrevivientes de la gesta de Lares que ocupaba el cargo de vicepresidente de la Sección Puerto Rico. La bandera se adoptó como insignia del organismo durante la primera asamblea general de la Sección Puerto Rico, celebrada en Chimney Hall, Nueva York, el 22 de diciembre de 1895.

La bandera puertorriqueña es de forma rectangular con cinco (5) franjas horizontales, tres (3) rojas y dos (2) blancas. Por el lado del asta, tiene un triángulo equilátero azul con una estrella blanca solitaria en el centro. El significado original de esta bandera era el siguiente: Las franjas rojas representaban la sangre derramada por los patriotas de la revolución. Las franjas blancas significaban la victoria, la paz venidera. El triángulo azul equilátero es símbolo del mar y del cielo de nuestro Puerto Rico. La estrella solitaria representa la isla.

Al adoptarla oficialmente como la bandera del Estado Libre Asociado de Puerto Rico en el 1952, se le adjudicó el siguiente significado: Las tres franjas rojas simbolizarían la sangre vital que nutre los tres (3) poderes de gobierno que son: Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Las dos franjas blancas representan la libertad del individuo y los derechos del hombre que mantienen en equilibrio los tres poderes de nuestra forma de gobierno. La estrella blanca solitaria simboliza el Estado Libre Asociado de Puerto Rico, Perla del Caribe. El triángulo azul representa la forma republicana de gobierno sustentado en sus tres poderes.

El color del triángulo es azul celeste. Sobre el triángulo va superpuesta una estrella blanca de cinco puntas, colocadas de tal modo que una de sus puntas señala hacia arriba. La bandera simboliza la hermandad en la lucha revolucionaria entre el pueblo cubano y el puertorriqueño. Esto se debe, principalmente, al hecho de que el grupo de separatistas puertorriqueños que la adoptaron estaba asociado con los separatistas cubanos que luchaban con idénticos ideales bajo el Partido Revolucionario Cubano.

Nuestra bandera, igual que la cubana, no seguía patrones de formas o simbolismos heráldicos en su diseño. Sus colores azul, rojo y blanco y sus símbolos del triángulo y la estrella, estuvieron en boga durante el siglo XIX, influenciado por las corrientes liberales y republicanas de la época.

La bandera desde sus orígenes ha sido usada como insignia de diversos movimientos independentistas, como el Partido Unión de Puerto Rico y el Partido Nacionalista de Puerto Rico. En el año 1952, al constituirse el Estado Libre Asociado de Puerto Rico, la bandera del triángulo y la estrella solitaria fue declarada su bandera oficial.

La monoestrellada en la cultura popular

El debate en el que estuvo sumida la bandera de Puerto Rico no pudo evitar que la cultura popular se convirtiera en uno de sus más férreos defensores. Testimonios de ello se documentan en decenas de obras que hoy son clásicos del pentagrama internacional.
Si damos un breve vistazo al pentagrama popular, encontramos que en “Preciosa” el compositor Rafael Hernández expresa el sentir patriótico por su Isla aunque ésta estuviera “sin bandera, sin laudos ni gloria…”. En otra composición de título “Mi bandera”, Hernández plasma su sentir sobre el símbolo nacional. Esta canción fue redescubierta en 1991 por Gary Núñez y el grupo Moliendo Vidrio y pasó a formar parte de un concierto y disco en homenaje al Jibarito Rafael.

Pedro Flores, por su parte, también abordó el tema de la monoestrellada, mientras Ramito fue portavoz del orgullo boricua en la pegajosa plena “Qué bonita bandera”. Del mismo modo, Bobby Cruz hizo lo propio en el himno “Mi bandera” que grabara con Richie Ray en la década del 70. Dicho tema, considerado clásico del repertorio boricua, regrabado por el cuatrista Quique Domench en el compacto “Evolución”, disco que en 2000 fue seleccionado entre los más sobresalientes del año por la Fundación Nacional para la Cultura Popular.

Finalmente, la monoestrellada que se levanta orgullosa en momentos de triunfo del pueblo puertorriqueño, también ha sido motivo de intensos debates por su uso impropio. El uso indebido de la bandera por la cantante Madonna en una presentación en Puerto Rico causó una reacción de censura inmediata. Mientras, el comediante Jerry Seinfield en los Estados Unidos tuvo que retractarse por la quema de una bandera boricua en una transmisión de su popular programa. En una entrega del Oscar en la que le tocó de pareja presentadora la actriz Jennifer López, el propio Seinfield, a manera de “mea culpa”, levantó la monoestrellada exclamando “Viva Puerto Rico”.

Fuentes:
Francisco Scarano, “Puerto Rico—Cinco Siglos De Historia” McGraw Hill Inter-Americana, S.A., 1993), página 533.
Instituto de Cultura Puertorriqueña
Fundación Nacional para la Cultura Nacional

La Esclavitud en Puerto Rico

Con motivo de celebrarse el 22 de marzo como el Día de la Abolición de la esclavitud, presentamos este ensayo del Dr. Guillermo A. Baralt, titulado “Un capítulo de la historia social y económica puertorriqueña, 1800- 1880.” El mismo se publicó en el libro: ""Temas de la Historia de Puerto Rico."" (San Juan de Puerto Rico: Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, 1988), editado por el Dr. Ricardo E. Alegría. El siguiente es fragmento donde se destaca la cuestión de la esclavitud. De igual manera se incluyen fragmentos de un artículo del Dr. Luis Manuel Díaz Soler publicado en la misma obra, titulado “Se logra uno de los objetivos: la Abolición de la Esclavitud”.

Esclavitud

Desde la aparición de las primeras haciendas de azúcar en el siglo XVI en Puerto Rico, y generalmente en todo el Caribe, azúcar y esclavitud fueron sinónimos. En Puerto Rico la primera mitad del siglo XIX fue la época cuando se congregó el mayor número de esclavos. En 1846 había unos 51,216 esclavos. La cantidad de varones no se diferenciaba mucho de la cantidad de mujeres; muchos eran de origen africano (los bozales), a pesar de que desde septiembre de 1817, según el tratado de abolición de la Trata Negra firmado por España e Inglaterra, se había prohibido el comercio de esclavos desde África.

Al arribar a la isla por la fuerza, el esclavo se vendía como un objeto en los mercados de los principales pueblos azucareros. Durante la década de 1840 por ejemplo, el precio de los varones oscilaba entre 350 y 400 pesos plata, las hembras entre 250 y 300 pesos y los mulecones (niños) un poco menos.

Ante el trabajo forzado de 18 horas diarias durante la zafra, el esclavo protestó contra la explotación. Demostró su rebeldía mediante fugas, protestas y conspiraciones para quedarse con la isla o con pueblos o para asesinar a sus mayordomos. Los sublevados eran objeto de numerosos castigos: la horca, el látigo, el cepo y los collares.

La primera sublevación de esclavos en el siglo XIX que conocemos se efectuó en el 1812, en que estalló la gran conspiración y principio de revuelta en las cercanías de la capital, que se extiende del pueblo de El Roble, Rio Piedras, al noreste, hasta Añasco en el noroeste. En esta ocasión los esclavos creyeron ser ya hombres libres.

En 1821, aproximadamente 1,500 esclavos —principalmente de Bayamón, Toa Baja. Toa Alta, Guaynabo y Rio Piedras-— conspiraron infructuosamente contra el sistema esclavista para establecer el reino de Marcos Viorro. Durante el próximo año, los esclavos de Guayama y Naguabo se entregaron a una conspiración que las autoridades relacionaron con la conspiración de Doucoundray Holstein. Cuatro años más tarde, esclavos bozales conspiraron durante un baile de bomba en la Noche de San Pedro en el partido de Ponce organizada por esclavos. Después de dicha conspiración el gobernador Miguel de la Torre entendió que se estaba desarrollando un problema serio que amenazaba la tranquilidad de los vasallos leales y como consecuencia se decreta el Reglamento de Esclavos, en 1826. El Reglamento fue de naturaleza preventiva, y en ese sentido, fue muy diferente al último Código de Esclavos de 1789, que, según su introducción, trataba de proteger a la población esclava de los abusos de los amos. El Reglamento de 1826, por el contrario, trata de proteger a los amos de los abusos de los esclavos. Hay dos condiciones básicas que explican las diferencias entre estos dos códigos. En primer lugar, el crecimiento de la población esclava: en 1794 había 17,500 esclavos y, para 1827, había 31,874 esclavos, más densamente concentrados en las haciendas de Puerto Rico; en segundo lugar, el hecho de que ya existia una experiencia revolucionaria de la que había nacido una república de ex-esclavos.

Durante el periodo que se extendió de 1826 a 1840 —años que marcarán la incorporación de la industria azucarera puertorriqueña como productora de azúcar a gran escala en el mercado internacional— se produce un periodo de estabilidad económica y política en Puerto Rico. Como consecuencia, disminuye la trascendencia de los movimientos de confrontación con el sistema esclavista. Sin embargo, se efectuaron una serie de pequeños alzamientos, en los que participaron los esclavos de una o dos haciendas. Estas revueltas y conspiraciones menores se localizaron en las haciendas de Guayama, en 1828, en Vega Baja, en 1832, en Ponce, en 1833 y 1839 y en Guayanilla, en 1840.

A fines de la década de 1830, la industria azucarera comenzó a sufrir una serie de problemas, cuyas causas radican dentro y fuera de la isla, y que harán brotar nuevamente la semilla de rebelión esclava tal como se había dado en la década de 1820. Una de las principales es la gran conspiración de Ponce, coordinada con otros partidos de la isla, en diciembre de 1841. Dos años más tarde los esclavos de nación Longoba se apoderaron del pueblo de Toa Baja. También ocurrieron tres sublevaciones motivadas por distintas causas, tales como la rebeldía en contra de los mayordomos mulatos, en Naguabo y Toa Baja, o el levantamiento de esclavos que exige el cumplimiento del Reglamento de 1826, en Isabela. En 1848 se llevaron a cabo los dos últimos movimientos colectivos de conspiración: uno en Ponce, y el otro en el barrio Cabo Caribe de Vega Baja.

El bando contra la Raza Negra - 1848

Dos meses antes de la conspiración de esclavos de Ponce en julio de 1848, el partido de Ponce se encontraba en un estado lamentable de miseria. La sequía, como ya señalamos, habia sido la causa principal. Pero había otros problemas tan serios como esta catástrofe. El precio por quintal de azúcar en el mercado de Filadelfia, en los Estados Unidos, que era el principal comprador de Ponce, había bajado a $5.14. Este era el precio más bajo pagado en el siglo XIX. Finalmente, el mercado francés, el tercer comprador más importante de nuestros azúcares, dejó de comprar azúcar, como resultado de los turbulentos eventos políticos de 1848. La revolución francesa, y el establecimiento de la segunda república de 1848, tuvieron otro impacto más directo en la vida de los esclavos del Caribe, y por lo tanto en los de Puerto Rico. El gobierno provisional francés abolió la esclavitud en sus colonias de Martinica y Guadalupe el 29 de abril. En Martinica, los esclavos no esperaron dicho decreto y se rebelaron. Muchos blancos abandonaron esta isla y se refugiaron en Puerto Rico. Al llegar los franceses de estas clases privilegiadas, describieron los horrores de la guerra racial que acababan de experimentar. Para el 3 de julio, el conflicto se extendió hasta la colonia danesa de Santa Cruz, donde el gobernador, con el propósito de apaciguar a los sublevados de color, abolió la institución de la esclavitud. Sin embargo, la medida fracasó porque la guerra siguió su curso.

La proximidad geográfica entre las islas de Puerto Rico y Santa Cruz, y la presente crisis económica por la que atravesaban tanto las haciendas azucareras como la población esclava de Puerto Rico, hizo que el gobernador de la isla, Juan Prim, enviara un contingente de 500 infantes, 2 piezas de artillería y una sección de obreros minadores a Santa Cruz. Esta vez, las fuerzas procedentes de Puerto Rico, unidas a las danesas, triunfaron y lograron restablecer la paz en Santa Cruz. Sin embargo, el gobernador Prim, temeroso de que el esclavo se reafirmara en sus creencias de que la violencia era la única alternativa para abolir la esclavitud, se vio en la necesidad de convencer a las autoridades danesas, y aun a la esclava de Puerto Rico, de que el decreto de la abolición de la esclavitud en Santa Cruz era ""letra muerta"", porque se había hecho a la fuerza. Prim les señaló a las autoridades danesas que no se debía poner en vigor dicho decreto de abolición en virtud del mal ejemplo que daría a la esclavitud de Puerto Rico.

La segunda medida de Prim tiene lugar a fines de mayo de 1848, cuando el mismo gobernador arremetió contra los negros libres y los esclavos de Puerto Rico. En esta ocasión, dictó el Bando Contra la Raza Africana. Este bando fue represivo y punitivo y no estableció diferencias entre el africano libre o el esclavo. Sólo bastaba que se fuese africano o descendiente de él para verse incluido en las estipulaciones del Bando. Según el Artículo I, cualquier delito en que se vieran envueltos los miembros de la raza africana, libres o esclavos, sería juzgado y penado militarmente. El Artículo II reafirmaba la superioridad ante la ley del blanco sobre el negro cuando señalaba que cualquier africano que hiciese armas contra blancos ""aunque justificada que sea la agresión, será, si fuese esclavo, pasado por las armas y si libre, se le cortará la mano derecha."" Los africanos y sus descendientes siempre serán culpables ante la justicia. El Artículo III hacia claro que si un negro insultaba de palabra, o maltrataba o amenazaba con un palo, con piedras o en alguna otra forma, sería condenado a cinco años de presidio, si fuera esclavo, y si libre, a la pena que a las circunstancias del hecho corresponda. Al amo se le facultó (Artículo V) a dar muerte al esclavo que se sublevara en acto semejante.

Aparentemente, los propósitos del código negrero no quedaron claros, puesto que el propio Prim, nueve dias más tarde, dictó otro bando explicativo para que la aplicación del bando negrero se llevase a cabo sin la menor dificultad. El Artículo 1 extendía a las propiedades de los blancos lo que expresaban los Artículos II, III y V, del Bando Negrero. Cualquier robo de parte de los africanos, o sus descendientes, sería tratado por un Consejo de Guerra. Los Artículos VIII, IX y X señalaban que si el esclavo robaba ocho reales sería entregado a su amo, pero si robaba de ocho a ochenta reales, sufriría 200 azotes. Cualquiera que incendiase una finca rural o urbana, cañaverales u otras siembras, también seria juzgado por un Consejo de Guerra. A Prim también le preocupaban las riñas que pudiesen tener las personas de color, libres o esclavos, y dependiendo de las armas que se utilizasen, así serían los castigos.

Debido a los múltiples fracasos de las conspiraciones de esclavos durante la primera mitad del siglo XIX, a partir de 1850 se popularizó otro tipo de manifestación colectiva contra la institución de la esclavitud: el homicidio del mayordomo, ejecutado por un grupo de esclavos. Desde 1840, encontramos varias conspiraciones, tales como la de Naguabo, en 1843, y la de Toa Baja en 1846, cuyo principal propósito fue el asesinato del mayordomo. Estos dos casos presagian lo que más tarde se convertirá en la manifestación de repudio a la esclavitud más frecuentemente empleada por los esclavos en vísperas de la abolición de la esclavitud en Puerto Rico. Al fin, el 23 de marzo de 1873 la Asamblea Nacional de la República Española aprobó por unanimidad la abolición de la esclavitud en Puerto Rico, poniendo fin a cuatro siglos de historia de la funesta institución en la isla. Sin embargo, desde hacía tiempo se manifestaba un intenso debate en torno a la abolición de la esclavitud en Puerto Rico.

Por un lado, había algunos que argumentaban que la abolición no causaría crisis económica alguna, puesto que ya la mayoría de las haciendas contaban con una fuerza laboral mixta (libres y esclavos).

El capital obtenido a través de la abolición con indemnización podía ser invertido en el mejoramiento de la tecnología azucarera.

El precio del esclavo era muy alto (600 pesos) como precio promedio de venta y lo que él producía (azúcar) tenía un precio sumamente bajo. La esclavitud no era rentable. Era más barato pagarle un jornal a un alquilado que comprar un esclavo.

Las teorías de desarrollo capitalista expresadas por Adam Smith apuntaban hacia la creación de un mercado de trabajo libre. Éstas a su vez señalaban que el trabajador libre era mucho más eficiente que el trabajador esclavo. ""Dos días de trabajo del libre equivalían a tres del esclavo"".

España era la única metrópolis europea que no había abolido la esclavitud en América. Sin embargo, otros argumentaban de la siguiente manera: Aunque era cierto que el precio del esclavo era alto, no se le podía conceder la libertad pues en la isla no había una fuerza laboral barata y cautiva que le sustituyese.

El esclavo trabajaba más que el hombre libre, ya que ""el látigo le hacía trabajar más horas al día"".

Los jornaleros abandonaban el trabajo, especialmente ""el de la hornalla (las calderas)"" en la casa de máquinas de las haciendas azucareras.

Algunos esclavos se dedicarían a holgazanear mientras que otros se rebelarían contra la población blanca del país.

La abolición con indemnización era algo incierto.

No podían abolir la esclavitud sólo en Puerto Rico y no hacerlo en Cuba, en donde la esclavitud era muy significativa y en donde había estallado una guerra de independencia que se extendería por 10 años (1868-1878).

Se logra uno de los objetivos: la abolición de la esclavitud

Por: Dr. Luis Manuel Díaz Soler

El 27 de diciembre de 1870, el General Juan Prim y Prats fue victima de un atentado, que resultó en su fallecimiento el 2 de enero de 1871, precisamente el dia en que ascendía al trono de España por invitación de las Cortes, Amadeo de Saboya (Amadeo I). Román Baldorioty de Castro, reelegido a las Cortes de 1871, emitió su voto en blanco, expresando su desacuerdo con el paso que daba España. Ese era el principio del fin de ""La Gloriosa"" y los abolicionistas tendrían que presionar para lograr su objetivo. Baldorioty no fue reelegido a las Cortes de 1872, pero José Julián Acosta fue enviado a España. Cuando presentó sus respetos a Amadeo I, aprovechó para hacerle partícipe de las ideas abolicionistas que habría de propulsar en la Asamblea Nacional. En el mensaje a las Cortes de 1872, Amadeo I mostró simpatías por la causa abolicionista, mientras que Don Manuel Ruiz Zorrilla, que presidía el Consejo de Ministros, se comprometió a presentar un proyecto de abolición, a la vez que desligaba los asuntos de Cuba de los de Puerto Rico. El 23 de diciembre de 1872, al recesar las Cortes para acogerse a las vacaciones navideñas, quedó sobre la mesa el proyecto abolicionista. Esclavistas y conservadores en Puerto Rico, en contubernio con la Guardia Civil, con el Marqués de la Esperanza, y con el Alcalde de Arecibo, Don Pedro Puig, fabricaron un motín en la hacienda de Don Cayetano Estrella, terrateniente conservador de Camuy, resultando éste fatalmente herido y muertos tres de sus esclavos. Se pudo comprobar hasta la saciedad la trama urdida para desacreditar la causa abolicionista.

Las nuevas Cortes se reunieron el 10 de febrero de 1873; al día siguiente, abdicó Amadeo I y acto seguido las Cortes proclamaron la República, que se comprometió a abolir la esclavitud. Las sesiones subsiguientes estuvieron cuajadas de intentos dilatorios de parte de los conservadores y de persistentes exigencias por los diputados abolicionistas. Éstos finalmente lograron que las Cortes en su última sesión —22 de marzo de 1873— aprobaran la ley que decretaba la abolición inmediata de la esclavitud en Puerto Rico, con indemnización para los amos, con la contratación forzosa de los libertos por un periodo de tres años, que era también el tiempo que se habría de usar para instruirlos en los deberes y derechos que habrían de contraer como súbditos de España. El júbilo de los reformistas fue seguido de cablegramas a los jefes de los partidos en Puerto Rico. En su editorial, El Progreso hacia un llamamiento a los blancos a colaborar por el éxito de la medida y exhortaba a los esclavos a dar gracias a Dios por la libertad que se les concedía. De todos se esperaba cordura. Los esclavos dieron una extraordinaria demostración de civismo permaneciendo en sus haciendas dedicados al trabajo y esperando el día en que fueran definitivamente libertados e incorporados a la vida nacional. Según el Registro de Esclavos, la Isla tenia 29,335 esclavos; la emancipación de tan exiguo número, sería relativamente fácil.

a. La abolición en Puerto Rico. La ley de abolición descansaba sobre cuatro puntos fundamentales:
1) contratación temporal forzosa,
2) aplazamiento de los derechos políticos de los libertos hasta que se completara un proceso educativo,
3) concesión de la plena libertad civil y
4) pago de una indemnización a los ex-dueños.

Los esclavos permanecieron en sus respectivas haciendas, percibiendo los jornales que normalmente se les pagaban a los trabajadores libres. Éstos se acumulaban en un fondo que se les entregaba cuando terminaba la contratación forzosa y se incorporaban a la sociedad como hombres libres. Del jornal se deducían los gastos de manutención y vestimenta, si estas necesidades eran suplidas por el patrono. Las relaciones patrono-libertos quedaron bajo la supervisión de los protectores de libertos. A los cuatro meses, de decretada la abolición, el 92% de los libertos se hallaba bajo contrato. Al cumplirse en 1876 los tres años del cese de la esclavitud, se debía propiciar el ambiente en que los esclavos, libres de la obligación de los contratos, comenzarían a moverse en la sociedad libre. Se instruyó a los libertos de su obligación de acatar y cumplir con las leyes, sobre el respeto a la propiedad, a las autoridades constituidas, a sus semejantes, convirtiéndose en ciudadanos útiles a la sociedad. Para evitar abusos, las autoridades civiles y eclesiásticas velarían por ellos, los patronos deberían ofrecerles protección a los que no tenían albergues ni familiares, ofreciéndoles trabajo en sus fincas.

El 20 de abril de 1876, cesaron los contratos y los libertos entraron en el pleno goce de los derechos civiles. Se les proveyó de cédulas de vecindad idénticas a las de los trabajadores libres. Los libertos habían escogido ya los apellidos que deseaban llevar por el resto de sus vidas, haciéndoles comprender que sería el apellido que llevarían sus hijos. Los libertos comprendieron que tenían que seguir cultivando los oficios que conocían, único medio de librar su subsistencia. La total emancipación, con su consecuente libertad para contratar, creó una situación difícil. Las plantaciones de caña carecían de suficientes trabajadores para el cultivo y la zafra; usualmente los jornaleros libres habían trabajado en la fase del cultivo mientras los esclavos eran empleados en la fase industrial. Ahora los hacendados alegaban que por no haber recibido la indemnización, no podían adquirir maquinarias necesarias para la molienda. La introducción de modernos métodos industriales era económicamente ventajosa y necesaria para reemplazar el bracero esclavo. Muchos ex-dueños habían depositado sus Cédulas de Esclavos en el Banco Español de Puerto Rico, que les adelantaba el capital invertido en esclavos para recobrarlo cuando el Gobierno liquidara la indemnización. El Boletín Mercantil inició una intensa campaña para que el Gobierno cumpliera su promesa. Ante la presión de los hacendados y de los conservadores, el Gobierno se comprometió a hacer efectiva la indemnización que tendría que salir de la Real Hacienda de Puerto Rico. A tal efecto, hubo el acuerdo de pagar mediante sorteos anuales de amortización, comenzando el 1ro de enero de 1877. Se celebraron 15 sorteos; el último fue el de 12 de mayo de 1890, cuando se amortizaron las últimas reclamaciones. Así concluyó el proceso de abolición, 17 años después de decretada la ley de 22 de marzo de 1873.

Al quedar liberados los esclavos, se logró uno de los objetivos que se habían trazado los liberales puertorriqueños. El éxito se debió al advenimiento de un gobierno constitucional en 1868, a la guerra de Cuba contra España, que ofrecía un marcado contraste con la lealtad de Puerto Rico, a la insistencia de los abolicionistas y diputados puertorriqueños en las Cortes, apoyados por simpatizadores españoles y del exterior, a la reducida población esclava existente en Puerto Rico, al celo con que se aplicó la ley de abolición y la consigna de que se respetaran los derechos de los libertos que esperaban convertirse en útiles súbditos españoles, y al apoyo de la mayoría de la opinión pública, que sirvió para neutralizar la propaganda adversa de los conservadores que en ocasiones contaron con el apoyo de gobernantes retrógados y déspotas. Cabe señalar que la manumisión incorporó al liberto al conglomerado social como parte de un proceso natural ratificado por la voluntad mayoritaria del pueblo puertorriqueño, que con aquella demostración ofrecía un ejemplo de alta cultura.

La migración y sus efectos en el ente antillano (por Natalia Prats)

Comentan los conocedores de la materia caribeñista que el siglo XXI le pertenece a Latinoamérica. El siglo XXI le pertenece a una Latinoamérica que ha sido “olvidada” por los boyantes comercios del “primer mundo”. Nos pertenece este siglo por exigencia intrínseca, por reivindicación, por necesidad y por mera obligación hacia los caribeños, tantas veces ocupados, tantas veces oprimidos, tantas veces rebelados.

Desgraciadamente existen voces que alegan que nos hemos sometido a un suicidio voluntario. Específicamente el puertorriqueño, distanciado de su realidad caribeñista para mirar hacia arriba, no necesariamente en busca de Dios, sino en busca de Nueva York. Edgardo Rodríguez Juliá, por su parte, vive en busca del mundo anestesiado en la memoria cristalizado de su abuelo y en la del. El “proyecto caribeñista” (1) no incluye, según Juliá, a los puertorriqueños o peor aún no queremos ser incluidos. Sin embargo, desconocido Juliá, desde hoy te avisamos que no seremos olvidados y no hemos sido olvidado.

Si podemos hablar, en círculos académicos, de una cuenca del Caribe, de un caribe etno-histórico, geopolítico, y cultural podemos hablar de un Caribe que necesariamente nos incluye (Puerto Rico) como protagonista en cualquiera de las antes mencionadas.(2i)

En la incertidumbre que representa ser una colonia subordinada y coartada de ciertos derechos soberanos e internacionales, continua existiendo la posibilidad de aunar fuerzas con nuestros hermanos antillanos. Existen un sinnúmero de proyectos extraoficiales que van de la mano de la sociedad civil, académicos, estudiantes, intercambios artísticos y deportivos y diversos otros proyectos que continúa ligándonos al proyecto caribeñistas. El proyecto se escribe en lugares como el CEAPR y la UPR donde se pretende perpetuar la realidad histórica que compartimos.

Es necesario describir someramente los procesos responsables en desarrollar y conectar a Latinoamérica y en nuestro caso específico, a la región Caribena. Un hombre solo en una isla no es un hombre. Nos reconocemos a través del otro. Por ende es tan necesario la relación entre los diversos entes sociales.

Desde inicios remotos, nuestro habitáculo se rellenó con arahuacos provenientes del continente sureño que a su vez se desplazaban de isla en isla buscando terruños fértiles para sobrevivir. No presagiaban la llegada de hombres barbudos, aunque los aztecas habían pronosticado la llegada de algo similar, y les tomó por sorpresa, igual que para nuestros lanudos latinos que hallaron las islas “desconocidas” para el mundo europeo. Y digo para el mundo europeo ya que efectivamente se apropiaron de civilizaciones enteras a través de trabajo forzado, voluntades quebrantadas y epidémicas enfermedades, diezmando dramáticamente poblaciones enteras.

Para subsanar los efectos de falta de poblaciones acuden a importar mano de obra esclava. Las desarraigadas tribus Africanas se sometieron involuntariamente a las inclemencias de un desconocido mundo y a la terrible estructura esclavista impuesta en el mundo americano al Africano y al desplazado indígena.

El sistema esclavista se manifestó de manera más bárbara en la antilla francesa, Haití. La más rica de las antillas y productora de azúcar, dependía de la excesiva importación de esclavos. Esto conllevo a una mayor representación numérica de esclavos que de los colonos blancos. La práctica esclavista según Pierre Charles incidía en “ la elaboración de toda una teoría de la superioridad racial del opresor sobre el oprimido para buscar con ello racionalizar y perpetuar esta miserable situación.”(3)

Sin embargo, la miserable situación de esclavos encontraría su fin en 1791. Un grito de rebelión consumió a la antilla definitivamente, acabando con la vida de cientos de antiguos hacendados franceses. Las “victimas” tuvieron que emigrar forzosamente a las antillas vecinas trayendo consigo sus francos apellidos y su conocimiento empresarial y capitalista. Las rebeliones surtieron sus efectos en otras antillas como Puerto Rico ya que respondiendo al miedo de una sublevación en la isla se crearon leyes para controlar y subordinar aun más a los negros y mulatos de la isla como fue el caso del Bando Contra la Raza Africana de Juan Prim.

El intercambio migratorio antillano ha sido una práctica acérrima de los isleños desde las primeras centurias de nuestra existencia. Desde los tainos hasta los esclavos que se escapaban de las antillas menores porque se les prometía libertad en Puerto Rico debido a la necesidad de mano de obra y a la despoblación, ha existido la migración. Hoy existe la situación de los indocumentados dominicanos que llegan a la isla buscando mejores condiciones de vida pero en el siglo XIX eran los puertorriqueños los que se iban a la República Dominicana. Después del 60 comienzan los intensos influjos de inmigrantes cubanos huyendo del nuevo instaurado régimen revolucionario en Cuba que atentó en contra de las estructuraras semi- capitalistas y oligárquicas que estaban establecidas en Cuba. Puerto Rico representa un destino de gran atractivo para estas comunidades ya que no solo es una antilla hispano parlante sino que es una apertura al mundo estadounidense. Puerto Rico es como un puente de tránsito entre dos divergentes mundos.

El fenómeno articulado en el siglo XX y XXI ha visto como los colonizados colonizan al antiguo imperio colonizador demostrando a su vez, una de las más drásticas manifestaciones de desplazamientos humanos en décadas recientes. La inevitable globalización, definida por Néstor García Canclini como “una etapa histórica configurada en la segunda mitad del siglo XX, en la cual la convergencia de procesos económicos, financieros, comunicacionales y migraciones que acentúa la interdependencia entre vastos sectores de muchas sociedades y genera nuevos flujos y estructuras de interconexión supranacional”(4), facilita y en ocasiones obstaculiza la inmersión de las diversas identidades a su nuevo entorno.

El estado no necesariamente tiene absoluto control sobre la inmersión de estas diferentes comunidades a su entorno nacional que traen consigo sus idiosincrasias y costumbres. Las comunidades de inmigrantes integran sus “industrias culturales” en sus nuevos entornos, alterando de manera significativa los paladares, los gustos musicales, la moda, los deportes, las artes y un sinnúmero de actividades que influencian las apreciaciones de sus nuevos espacios. Cada una de estas diversas culturas caribeñas que se abren espacios en sus nuevos destinos, con sus identidades particulares, no necesariamente son culturas comunes sino mas bien culturas compartidas. Los gobiernos “democráticos” no pueden atentar en contra de estas nuevas olas de inmigrantes. Mas que el inmigrante adaptarse al estado; el estado tiene que necesariamente adaptarse al inmigrante.

Para sobrevivir en un mundo que cada día se unifica mas a través de tratados de cooperación y libre comercio, el caribe debe articular su proyecto de integración. Proyectos como el CARICOM, AEC y el ALCA pretenden “facilitar” tal intercambio. La unión Caribeña como necesidad intrínseca y para insertarse en un mundo de alta competitividad, necesita unificarse para hacerse aún más competitivo y la vez defender sus intereses particulares. El caribe representa un 75 por ciento de las exportaciones al mercado estadounidense.5 Estos mercados se pueden ampliar y maximizar con el mercado mundial y entre nosotros como región. Mas allá de la barrera lingüística todas las antillas compartimos un pasado socio-histórico. El padecimiento sintomático es el mismo para las antillas, la explotación cañera, la esclavitud, las colonias (protectorados), las olvidadas, los bastiones militares, la localización estratégica... ¿continuo?

El siglo XXI nos permite desarrollar unos lazos de intercambio nunca antes experimentado. La cibernética, los cursos universitarios, los viajes, las comunicaciones pueden facilitar esta simbiosis tan necesaria para nuestra salud regional. Todas necesitamos preservar nuestro patrimonio ecológico y cultural, nuestro turismo, nuestras estructuras centenarias, nuestra cultura popular, nuestra música y nuestros idiomas. El Grupo de Trabajo Inter-Civil del Proyecto Atlantea es un vivo ejemplo de lo que significa reflexionar sobre el caribe y sus sujetos protagónicos.(6)

La necesidad de algunas naciones de defender sus fronteras nace en la mayoría de las ocasiones por un latente prejuicio cultural, muchas veces fomentado por las estructuras académicas y políticas de tales naciones. Dichos países cierran sus fronteras y ponen controles sobre la entrada de individuos extranjeros. En la frontera con México se ha desarrollado el fenómeno de los “minute men”, rememorando a aquellos patriotas que velaban la llegada del enemigo británico. Estos “minute men” son un grupo de xenofóbicos y nativistas rancheros estadounidenses en las fronteras de Arizona y Texas. Los mismos, están a la espera del nuevo enemigo mexicano que cruza por tierra desértica a trabajar en los viñedos, haciendas agrícolas y multinacionales, que dependen de mano de obra barata, para proveerles una mejor calidad de vida a sus familiares. El “enemigo mexicano”, que vuelve a la tierra que le arrebataron en el siglo XIX, es recibido por los “minute men”, arrestado como criminal y enviado a una cárcel deshidratado para devolverlo a su entorno de antaño. Los rancheritos, con complejo de vaquero buscan una aventura desaforado que les alivie su letargo por no poder ejercer sus prejuicios. Comunidades como los haitianos, jamaicanos, puertorriqueños o cualquier hispano hablante se puede encontrar con estos prejuicios de decidir arrullarse en el “melting pot” del norte.

Desgraciadamente estos prejuicios no solo se viven en el norte sino también entre las diversas islas caribeñas. La delicada relación entre Haití y la República Dominicana resulta perturbadora ya que los desesperados braseros haitianos se someten a un terrible discrimen por ser mas negro que el negro más negro de la República. Nacen los desconocidos niños fantasmas, hijos de las Haitianas nacidos en la Republica y que no son ni reconocidos por el estado. La cadena parece no terminar ahí. El dominicano, por su parte, inmigrante en muchos casos a Puerto Rico, llega en su balsa, arriesgando su vida a las inclemencias del canal de la mona en estructuras precarias por una mejor vida. En Puerto Rico es recibido por Barrio Obrero, Santurce y un sello con una escoba y un bloque de cemento, mientras en la esquina se parlotea un “chiste” sobre su supuesta falta de conocimiento. El puertorriqueño por su parte, se fuga con su cerebro y algunos otros con su falta de cerebro, a la fría manzana del norte donde se le llama “spik”. No encuentra trabajo en Puerto Rico por que se lo quitó un cubano.

El panorama que he pintado no es el más positivo y no tiene intención de ser una generalización. Sin embargo, vivimos en un mundo que aún perpetúa estructuras de antaño donde el prejuicio y el discrimen regían los controles de la sociedad. Desaprender esos esquemas toma un intenso proceso de educación y concienciación. La labor de la sociedad civil en este proceso es inherente a cualquier cambio posible.

Continuar fomentando la integración y la cooperación figura como una de las alternativas más plausibles para transformar tales comportamientos. A fin de cuentas es la sociedad civil la que transmite de generación en generación los códigos valorativos y los modelos de comportamiento. Nuestras actitudes son reflejo de lo aprendido por nuestros antecesores. Todos somos responsables de repensar la sociedad que queremos y solo a través de la praxis activa es tal cambio posible. No queremos que nos toleren queremos que nos respeten.

Bibliografía
1) Juan Manuel García Passalacqua, “Puerto Rico y el Caribe”, El Mundo, 27 de abril 1987
2) Antonio Gaztambide, La invención del Caribe a partir del 1898, Tan Lejos de Dios...Ensayos del sobre relaciones de Estados Unidos con el Caribe.
3) Pierre-Charles, Las ideas anticolonialistas y antiesclavistas de principios del siglo XIX...” en Pensamiento sociopolítico moderno, cap. 2
4) Néstor Garcia Canclini, La Globalización Imaginada, Editorial Piados Mexicana 2000
5) Gaztambide y Hernández, “ Repensando las culturas y la sociedad civil como factores en la cooperación e integración en el Gran Caribe,” Introducción de Cultura, sociedad y cooperación: Ensayos sobre la sociedad civil del Gran Caribe.
6) Randall y Mount, The Caribbean Basin, Cap 2
7) Giovanni Reyes, “ EL Gran Caribe entre los extremos del ALCA,” Oportunidades y riesgos del ALCA, Capítulos del SELA 62 ( Mayo- Agosto 2001)

La mujer Taina (por Natalia Prats)

El legado de las sociedades es sin duda el legado de las mujeres. Desde tiempos inmemorables, en los preludios de la existencia humana, las sociedades matriarcales eran caza de cada dia. La mujer en la sociedad Taina fue medular en el desarrollo de la misma para crear de ella una de las más complejas en al archipiélago antillano. Las aportaciones del aspecto femenino en la sociedad Taina están presentes en asuntos políticos, sociales, astronómicos, topológicos, míticos y lingüísticos. Ejemplo de este último es la presencia de la sílaba GUA en el léxico taino que es sinónimo de mujer, primera y agua original. Palabras como Guayaba, Guanina, Guanín, Guabancex y otros son reflejos del factor femenino en la lengua Taina.

En uno de los primeros encuentros entre los tainos del sur en el Cacicazgo de Aguaybaná (creo que esta era la manera correcta de pronunciar el nombre) con la brigada de Juan Ponce de León las crónicas de Oviedo establecen el respeto que el Cacique Aguaybaná le tenía a su madre. Según las crónicas ella le advirtió a su hijo que fuera amigable con los españoles ya que ella tenía conocimiento de la suerte de los indios en La Española. Aguaybaná, como buen hijo, siguió los concejos de su madre. Dona Inés, una mujer, parece ser protagonista de la realidad cacical borinqueña.

El poder en la sociedad Taina se heredaba por la línea materna. El primer hijo de la hermana mayor del cacique imperante sería el responsable de heredar el nuevo título luego de su muerte. Al momento del enterramiento el cacique sería enterrado con su esposa favorita ya que era una sociedad que practicaba la poligamia. Ahora, estos matrimonios tenían fines políticos ya que cada matrimonio consolidaba el control del cacique en el territorio al que perteneciera la nueva esposa. El poder de un cacicazgo dependía del territorio que el mismo controlaba. A través de estos matrimonios se establecían alianzas. Las esposas funcionaban como “embajadoras” y hasta diplomáticas involuntarias para mantener relaciones pacíficas entre los territorios. Tal es el caso de Canoabo y Anacaona de La Española cuyo matrimonio estableció las alianzas entre los Cacicazgos de Maguana y Xaragua. Anacaona era la hermana del poderoso Behequio. Hubo ocasiones en que la mujer fungía como Cacica. Se cree que ese fue el caso de las cacicas Anacaona, Guanina y Yuisa.

Fuera de los roles políticos en los que la mujer participaba estaban también los roles cotidianos de la mujer. La mujer tenía funciones de suma importancia en la sociedad. Esta era la proveedora de los alimentos como la fécula de Yuca, mantenía los montones y conucos, trabajaba el burén donde sé guayaba la yuca para hacer la base de la dieta Taina, el cazabe. Para poder mantener la base de la dieta Taina, las mujeres debían tener conocimientos extensos sobre la función de los ciclos agrícolas que a su vez dependían del conocimiento del tiempo y el espacio. Según las crónicas del padre Bartolomé de Las Casas las mujeres sembraban la yuca en los meses de sequía. En otras palabras el solsticio de invierno marcaría el inicio de la siembra de la yuca. También asociaban el comienzo de una nueva luna con el comienzo del crecimiento del nuevo ciclo agrícola. “La siembra de Yuca en montones exigía unos 60 días de trabajo anuales para el hombre y algo mas para las mujeres” esto según estimados del historiador dominicano Roberto Cassá mencionado en el texto de Robiou Lamarche. El conocimiento agrícola era responsabilidad de la mujer. Es importante destacar que la mayoría de los cemis que se han encontrado se encuentran en campos y en el área oeste de Puerto Rico y en el área este de Republica Dominicana. Esto implica que es posible que los cemís se enterraran en los conucos. Podemos inferir que quizá la mujer era la responsable de estos enterramientos para asegurar una buena cosecha y mantener a los Dioses satisfechos. Yucahu, el dios de mayor importancia en la sociedad taina, el señor Yucador también traducido como “Ser de la Yuca, mar sin antecesor masculino”. Yucahu no tenía antecesor masculino, curiosamente, tenia solo una madre llamada Atabey, La gran madre. Ella era la madre de las aguas, la luna, las mareas y la maternidad según Arrom. Estos dioses de suma importancia son representativos de los recursos más importantes de la sociedad taina el agua y la Yuca.

Por otro lado, cada vez que observa una bella vasija del legado taino hemos de recordar que ese barro le fue dado forma por las manos de una mujer. Las cerámicas tenían su función práctica, claro esta. Las alfareras que esculpían y le daban forma a las vasijas imprimían sus conceptos distintivos en cada una de sus obras. Aunque no esta claro que la mujer fuese la única que labrara el arte rupestre y las esculturas debe haber una gran probabilidad que en este respecto el hombre participara de estas actividades. La alfarería representaba ídolos, figuras antropomorfas y zoomorfas. Al igual que sencillos platos, bateas y burenes para hacer el cazabe. La mujer también trabajaba el tejido. Con el hilo creaban las naguas (utilizadas solo por las mujeres casadas), telas, hamacas, cinturones con caracoles que utilizaban en los areytos, ligas que usaban alrededor de sus brazos y piernas. La cestería también era una de las actividades practicadas por las mujeres. Creaban nasas o redes y corrales para atrapar peces en los ríos y en el mar.

Los areytos representaban una celebración ancestral donde se perpetuaban los mitos y la historia de las tribus Tainas. Las mujeres participaban en los canticos y bailes. Utilizaban las maracas, fotutos, flautas y tambores posiblemente confeccionado por mujeres. En los areytos ambos sexos participaban juntos o separados al igual que en los juegos de pelota que se llevaban a cabo en el batey.

La mujer era un instrumento fundamental en la organización social de los tainos. Tenían una participación activa en las estructuras sociales y culturales pero también podían accesar las fuentes de poderes políticos consolidando sus vidas con las de caciques o ellas mismas convirtiéndose en cacicas. Ser mujer no era una limitación a sus posibilidades como contribuyente activo de la sociedad. Aun quedan muchas historias por contar de la mujer taina. Los arqueólogos y los historiadores continúan reconstruyendo la historia que dejaron inconclusa sus antecesores para poder redimir el nombre de la mujer Taina. Por la mujer Taina que resistió los embates del invasor es que aun se puede decir que el 60% de los puertorriqueños tiene herencia Taina en su sangre.

Bibliografía
1)Francisco Scarano, Puerto Rico:Cinco Siglos de Historia, McGraz Hill/interamericana EditoresSegunda edición,México, D.F. pg 42-79
2) Sebastián Robiou Lamarche, Tainos y Caribes, Editorial Punto y Coma, S.J, P.R ,2003

Los indios taínos

Los habitantes que encontraron los españoles al llegar a Puerto Rico fueron los indios taínos, una tribu descendiente de los indios Arawak (arahuacos) de Venezuela. Su idioma escrito era en forma de petroglifos, símbolos que se tallaban en piedra y su idioma pertenecía a la misma familia de los arahuacos. Su sociedad era comunal y practicaban la polígamia.

Cristóbal Colón en su diario los describió como gente de cuerpos esbeltos, altos y hermosos, de color oscuro o aceitunado y con el pelo corto. Eran carilampiños y sin vellos en el cuerpo. Según Cristobal Colón, su idioma era ""apacible, el más dulce en el mundo, siempre con una risa"". Debido al calor de los densos bosques, su vestimenta era muy poca. Los hombres y los niños por lo general no usaban nada. Las mujeres andaban desnudas de la cintura hacia arriba, mientras que abajo traían ""naguas"" de algodón hasta la mitad de la pantorrilia, y las mujeres cacicas hasta los tobillos. Este hábito era de las mujeres casadas, las doncellas ninguna cosa traian de estos delantares, que llamaban naguas. Hombres y mujeres se adornaban con pintura, collares, pulseras, pantallas y pendientes en la nariz hechos en hueso, piedra o arcilla.

El cacique de más jerarquia en Borikén a la llegada de Colón era el cacique Agüeybaná. El cacique era una posición hereditaria privilegiada. El cacique era polígamo y algunas de sus esposas eran de casamientos políticos que unían a los yucayeques y formaban nuevas alianzas. La isla estaba dividida en cacicazgos. Puerto Rico tenia alrededor de 20 caciques a la llegada de Cristobal Colón. La Isla a su vez se subdividía en provincias, distritos y aldeas, cada uno con su cacique.

La estructura social se componía de:

Nitaínos que eran los nobles, guerreros, y los artesanos. Estimados por ser de mejor sangre que los demás, tenian a su cargo a otros indios y venían a ser los lugartenientes de los caciques.

Naborias: eran los siervos y eran de la clase más baja.

Los caciques (Jefes) eran posiciones heredadas y procedían de la clase de nitaínos.

Los bohíques (curanderos) procedían de su propio linaje.

No está claro si los nitaínos eran nacidos o se ganaban su clase social. Los nitaínos gobernaban sobre los naborias. Éstos últimos pescaban, cazaban, hacían el trabajo en los conucos, generalmente el trabajo pesado.

El yucayeque (aldea, pueblo) se construia cerca de abastos de agua, tales como rios y lagos, con un patio en el centro y a la sombra de árboles altos. Tenía cuatro caminos que se extendían fuera del batey. Una cerca alta rodeaba la aldea. Había un camino que conducía directamente al río o lago con dos torres altas usadas como miradores a ambos lados. Alrededor del yucayeque se establecían los conucos o granjas. Algunos yucayeques tenían fuera de sus paredes plazas utlizadas para deportes.

Los bohíos (chozas indígena) eran estructuras redondas con techos cónicos sin ventanas. El caney, construido solamente para caciques y bohiques, se localizaba siempre en una ubicación prominente. Tenían estructuras rectangulares y con ventanas. Eran grandes y a veces alojaban 15 familias. Se construían de bejucos y paja. Cada bohío y caney tenía espacio para almacenamiento hecho de una superficie plana que colgaba del techo de la morada. Para almacenar se utilizaban cestas tejidas. El piso de la morada era de tierra y se mantenia inmaculadamente limpio. Para cocinar se utlizaba el fogón y ollas grandes de arcilla; para sentarse, los dujos y para dormir, hamacas. Como mascotas, tenían loros domesticados y pequeños perros domesticados mudos que llamaban josibi, ya extintos.

La yuca era el alimento básico; de su harina se hacía el pan de casabe. También cosechaban guanábana, yautía, calabaza, mamey, papaya, piña, achiote, batatas y maíz. El maní, la guayaba, la piña, la uva de mar, los guisantes negros, los ajíes y los frijoles eran todos silvestres. Con el maíz se hacía cerveza. La pesca era otro medio de sustento. La pesca de rio se hacía con un veneno que se depositaba en el agua para aturdir a los peces y así capturarlos con sus manos. El veneno no era dañino al momento de consumir el pescado. Del mar consumían ostras, carrucho, cangrejos y manatí. La caza no ofrecía mucho por no haber animales grandes en la isla: sólo se cazaban pájaros, loros, jutías, iguanas y serpientes. Muchos de éstos se cocinaban a la ""barbacoa"", palabra que hoy utilizamos en español y en inglés ""BBQ"".

El pilón que hoy dia se usa es de origen taíno. El pilón era tallado de un árbol con diámetro de hasta 25 pulgadas. Estos eran tallados rústicamente o bien terminados y pulidos, dependiendo de la habilidad del tallador. Se usaban para moler maíz, hierbas medicinales e ingredientes que se usaban para la pintura que adornaba sus cuerpos.

Las canoas de los taínos eran hechas de troncos de árboles. Documentación española registra que tomaba varios meses completar una canoa. Algunas de estas canoas tenían cabida para más de 100 personas, las cuales utlizaban para comerciar en las islas vecinas.

La mujer taína se dedicaba a las necesidades de la familia, atendía la granja y el cultivo de cosechas. Las madres cargaban sus bebés en su espalda en una tabla acolchonada asegurada a la frente del bebé. La tabla con el tiempo deformaba la frente del bebé aplastándola, así que muchos taínos tenían la frente algo aplastada, lo que algunos de ellos encontraban atractivo.

Areytos eran las ceremonias religiosas celebradas en el batey de los yucayeques. El baile ceremonial era una de las actividades principales. Arreglarse para un areyto conllevaba pintarse el cuerpo de rojo, con plumas de loro, joyas de concha marina y coral y pendientes de oro. El cacique y los bohíques usaban capas decoradas con plumas. También había areytos de amores, y otros lastimeros, otros bélicos, con sus respectivas sonatas acomodadas. En la conjura de los caciques boriqueños, en Guaynía, se cantó un areyto, jurando y prediciendo la muerte de los invasores, antes del alzamiento de 1511, pero se ignora la letra y ritmo de éste.

El major legado dejado por los taínos fue su arte. Muchas de sus tradiciones, costumbres y artefactos no lograron sobrevivir la invasión española, pero hay algo de esculturas, cerámica, joyas, tejidos, cetros, puñales, cemíes, dujos, cinturones de juego y otros artefactos taínos en museos hoy. La mayor parte de sus artefactos ceremoniales fueron escondidos de los españoles en cuevas.

El 25 de septiembre de 1493, Cristobal Colón navegó desde el puerto de Cádiz, España, en su segundo viaje al Nuevo Mundo. Hizo una parada en las Islas Canarias y el 3 de noviembre se topó con la isla de Guadalupe, donde rescataron un puñado de indios de las manos de los ""caribes"". Los indios reclamaron ser de una isla al norte llamada Borikén. Después de descubrir las Islas Vírgenes marcaron en sus mapas a Puerto Rico y la Sierra de Luquillo. Para asombro de los españoles los indios saltaron al océano y nadaron hacia la costa de Borikén. La flota de barcos continuó navegando al este, hasta llegar a la costa occidental de Borikén. Anclaron en la región de Aguada / Aguadilla.

El fin de la existencia sencilla del taíno de Puerto Rico ocurrió hace más de 500 años, a partir del 19 de noviembre de 1493. En 1508 Ponce de Leon llegó a la Isla con intenciones de asentarse. Pero no fue hasta 1509 que comenzó esa colonización. Los españoles cometieron innumerables atrocidades contra los pacíficos taínos. Suicidios en masa, trabajo forzado, y principalmente enfermedades diezmaron sus números rápidamente. En 1516, sólo ocho años después, había tan pocos taínos en el Caribe que Fray Bartolomé de las Casas logró ganar una ""orden de la corona"" para libertar a los indios que quedaban.

En 1527, una epidemia de viruela en Puerto Rico mató una tercera parte de la población taína restante.

Fuente:
http://www.proyectosalonhogar.com

Mirada a la Sociedad Puertorriqueña desde Finales del XVII hasta 1898 (por Natalia Prats)

Si partimos del metarrelato nacional de Pedreira estaríamos proyectando tres importantes protagonistas en el proceso histórico insular. El primero de “formación y acumulación pasiva”, el segundo período de “despertar e iniciación” y el tercero de “indecisión y transición”. Cada uno de los períodos tuvo su particular sabor y sinsabor. Intentaré de forma crítica analizar estos tres momentos demarcados para así abrirle espacio a infinitos momentos de controversia social, económica y política que se subyacen uno al otro conspirando para crear la Puertorriqueñidad. La misma nación que aún esta buscando una definición para someterla a la Real Academia.

Nuestra historia nacional comenzará a ser analizada desde finales del siglo XVIII hasta el cambio de soberanía o la ruptura en el 1898. El siglo XVIII se distinguió por un incremento poblacional nunca antes experimentado en Puerto Rico. Esta isla era espacio de llegadas efímeras y constantes salidas. El censo desde 1750 muestra una tasa de crecimiento anual de mas de 3% mas que cualquiera de las provincias de España. Esto como producto de la inmigración y la reproducción, claro está. La inmigración fue propulsada por una serie de factores que incentivaron el paulatino crecimiento de la población. Entre los factores se encuentran: “a) El aumento de la guarnición y los números de casamientos de las tropas con mulatas y otras hijas del país. b) La importación de confinados y desterrados. c) Esclavos prófugos d) el traslado de familias canarias. e) desertores de flotas españoles. f) extranjeros católicos peritos en la fabricación de azúcar g) refugiados franceses de la revolución Haitiana y Dominicanos”

Las inmigraciones traerían consigo una amalgama de costumbres y tradiciones que se imprimirían en el inconsciente colectivo legándonos el pintoresco retrato que sería esta época. El aumento en el mestizaje sería un factor determinante en la definición de la personalidad y el color de nuestra gente. Sin embargo esto traería consigo críticas por parte de la iglesia y de las clases pudientes que continuarían rechazando las relaciones entre diferentes grupos sociales. Ángel López Cantos establece que “ La clase alta, asimismo, cerró filas y luchó con denuedo por defender unos privilegios, que consideraba exclusivos, frente a intrusos menos clasificados” . Tal fue el caso de Miguel Enríquez, zapatero y mulato que logró ostentar el título de capitán de mar y guerra declarado caballero por Felipe V. El mismo “fue atacado con sana y sin piedad por las elites, hasta el punto de haber sido encarcelado en varias ocasiones”. De igual forma fueron atacados los matrimonios entre mulatas y blancos por la iglesia y visitadores que repudiaban la falta de lustre de las gentes del país. “ ...siendo la causa haberse unido en matrimonio con personas de inferior calidad, resulta de esto irse extinguiendo y acabando las de las gentes blancas”.2 Estos alegatos muestran el constante conflicto racial que existía en la isla.

La iglesia por otro lado consolidaba su poder prometiéndole vida eterna a todos sus siervos. Incluidos entre estas personas de cualquier color. La salvación podía ser alcanzada por bozales recién llegados de Africa si aceptaban los dogmas eclesiásticos. Todos los amos estaban obligados por ley a cristianizar a sus esclavos ya que aunque considerados inferiores se aceptaba que tuviesen la virtud suficiente para aceptar a Dios. A su vez, sometían sus conciencias a la injusta realidad que muchos aceptaban en silencio. San Juan era reflejo del papel protagónico de la iglesia con sus impresionantes conventos Dominicos, Franciscanos y Carmelitas. La misma majestuosidad ceremonial de los conventos e iglesias debió haber tenido un increíble impacto en las vidas de los que observaran estas obras arquitectónicas y aún mas en la isla donde la casa de cada día era la común choza o el cielo estrellado para los desterrados.

En el aspecto económico y político la Real Cedula de 1765 incentivaría la introducción de nuevas corrientes comerciales con siete puertos adicionales. No podemos olvidar que aunque el imperio mantenía sus leyes de control sobre la isla éramos también expertos contrabandistas. De este contrabando participaban los mismos gobernadores que obedecían pero no cumplían. La revolución de los futuros Estados Unidos sería un tremendo incentivo comercial especialmente para la industria azucarera. La revolución Haitiana a su vez sería de mayor solvencia para Puerto Rico introduciendo conocedores Franceses de la tecnología azucarera y a su vez eliminando una pasada competencia en el comercio azucarero que llevaba de nombre Saint Domingue. La visita del Mariscal O’Reilly reflejaría una preocupación económica que solo se aliviaría con la liberalización del comercio, la distribución de la tierra que hasta ahora estaba en manos del Rey y sus extensos hatos y el incentivo de la inmigración que ya hemos reseñado algunos.

La Cédula de 1765 no sería la única en la historia “reformista” insular. En 1815 se concedería La Cédula de Gracias que representaría uno de los cambios más drásticos para en el perfil isleño. El siglo XIX pasará a la historia como uno de los momentos más catalíticos de nuestra existencia. La Cédula fue un “premio” concedido al pueblo puertorriqueño por no haber participado en las revoluciones de Sur América y ser fiel siervo de la Corona. Uno de los principales objetivos de la Cédula era promover la inmigración y el comercio extranjero. Como efecto a este incentivo, Puerto Rico se convertiría en la cuna de todos los conservadores que huían de los rebeldes Americanos. Por doquier entraban estos fieles súbditos de la corona que no se enfilaron a luchar con Bolivar y San Martín. Rápidamente controlaron las fuentes del poder desplazando en muchos casos a los criollos. Decenas de países se aprovecharon esta oportunidad única que permitía abrir los puertos por quince anos a naciones y personas amigas y Católicos. Aboliendo antiguos impuestos y permitiendo la entrada libre de su maquinaria y esclavos. A nuestras costas arribaron los Irlandeses, Franceses, Italianos, Catalanes, Canarios, Corsos, Venezolanos y otros. La repentina descentralización del poder tuvo efectos abrumadores en la economía Antillana. Las nuevas oleados migratorias afectarían de diversas manera la economía como es el caso catalán en el poblamiento del interior de la isla (que había comenzado con el auge poblacional en el XVIII) y la producción del la caficultura. Según Pico, su análisis sobre el despegue de la agricultura comercial de la montaña especialmente en Utuado y Jayuya concluye que “ Los comerciantes catalanes fueron los primeros en proveer financiamiento sostenible a la caficultura”3. La fluencia catalana y su centenaria experiencia comercial les traería serios conflictos con los criollos acostumbrados a la “antigua racionalidad económica” y desconocedora del mercado internacional.

Algunos de estos grupos como los Franceses, Españoles y Dominicanos comenzarían a poblar el suroeste de la isla donde integrarían nuevos sistemas de riego y establecerían haciendas azucareras muy productivas en terrenos antes designado a los hatos y estancias de café. Ejemplo de este vertiginoso incremento es el pueblo de Ponce donde las haciendas se duplicarían en menos de 20 años. Para 1828 esta región produciría el “54% de todo el dulce de la isla”4. La mayoría de las exportaciones estarían dirigidas a la nueva nación de Estados Unidos al norte que comenzaría a consolidar su hegemonía en el hemisferio oeste. Las relaciones de dependencia de Puerto Rico hacia Estados Unidos se comenzarían a fraguar desde estos incipientes momentos del desarrollo insular.

Sin embargo, este incremento en la industria azucarera y la cafetalera traería consigo una necesidad de mano de obra. La escasez de esclavos debido a las presiones de los ingleses a abolir la trata esclavista causó necesidad de mano de obra. Las autoridades contribuyeron a “aliviar” esta escasez con la implementación del temido Régimen de Jornaleros. Este régimen forzaba a trabajadores libres, cuyas necesidades no necesariamente los hacían los mas dispuestos a los míseros salarios devengados, a trabajar la tierra de los grandes hacendados. El sometimiento dependía de hombres entre 16-60 anos, con menos de 4 cuerdas de terreno y que estuviesen desempleados. Los jornaleros estaban obligados a trabajar con una libreta donde apuntaban su conducta, las horas trabajadas y el dinero que debían en las “Tiendas de Raya”. Este sistema era sumamente represivo y los hacendados tendían a abusar de su poder. El régimen controlador de la libreta, muy bien pensado por el gobernador Pezuela, trajo consigo muchísimas protestas por los grupos liberales del país.

Los grupos liberales del país eran producto de la nueva generación de Puertorriqueños criados por nodrizas, educados en Europa e influidos por los ideales democráticos de las ideas de la ilustración y otros movimientos del pensamiento racional. No soportaban el estancamiento colonial y el enajenamiento de los criollos y comenzaron movimientos separatistas y abolicionistas que habrían de cambiar la idiosincrasia del país. El Grito de Lares, el 23 de septiembre de 1868, fue producto de estas nuevas vertientes del pensamiento Puertorriqueño. Tomó mas de 12 años planificar esta revuelta de 24 horas. Interrumpida por líderes muertos misteriosamente en Chile(Segundo Ruíz Belvis) y exiliados varados en Santo Domingo(Ramón Emeterio Betances), el grito de lares fue una manifestación popular en contra del poder omnímodo de los peninsulares en la patria Borinqueña. Aunque el separatismo jamás sería experimentado como producto de la revolución, en cinco anos viviría la gloria de la abolición de la esclavitud y el régimen de la libreta en 1873.

A principios de 1867 un grupo de puertorriqueños fue invitado a formar parte de la Junta Informativa de Ultramar donde se discutirían las posibilidades de establecer las Leyes Especiales que le otorgaría a Puerto Rico el estado de provincia y como consecuencia más derechos democráticos. Las Leyes especiales serían palabras muertas hasta 1897 con el pacto que hicieran los autonomistas puertorriqueños con Práxedes Mateo Sagasta, líder del Partido Liberal Fusionista en España. Esas palabras serían de corta vida. En 18 meses las alianzas cambiarían y los imperios envejecidos encontrarían su mausoleo a manos del frío norte expansionista

La ruptura (1898-1940)

La invasión de 1898 no era un hecho inesperado por las autoridades coloniales en la isla. España era una amenaza para las esperanzas expansionistas de los Estados Unidos y su omnipotente control sobre el archipiélago antillano era inminente. Theodore Roosevelt, asistente secretario naval, en una carta al capitán Alfred T. Mahan escribe; “ Until we definitely turn Spain out of those islands( and if I had my way that would be done tomorrow) we will always be menaced by trouble”5. España era uno de los últimos bastiones europeos en el hemisferio oeste. La doctrina Monroe y su filosofía de “América para los Americanos” no incluía a España en la agenda expansionista los Estados Unidos.

El 13 de Agosto de 1898 las cortes españolas fueron sometidas a firmar el Tratado de Paz con EEUU y a ceder la soberanía de una isla que hace 18 meses había adquirido su soberanía en el tratado Sagastiano. No era prerrogativa de España entregar nuestra soberanía pues no le pertenecía. La historia de los imperios opresores no incluye diplomacia y se organizó un gobierno militar en la isla que dominaría la política puertorriqueña por los próximos cincuenta anos.

Sin embargo hay una particularidad sobre los intereses de los Estados Unidos en Puerto Rico. No sólo era la isla un bastión militar sino también representaba un mercado virgen para el libre acceso de los intereses azucareros. Puerto Rico no era una despoblada Alaska con extensas tierras, ni una estratégica Hawaii para dominar el pacífico y menos el suroeste Norteamericano con oro en las entrañas. Puerto Rico era una isla densamente habitada con alrededor de un millón de habitantes enfermos, malnutridos y preparados para la explotación diaria que vendría vestida con copos de nieve y árboles de Navidad. El general Miles en su entrada triunfante por las costas de Guánica anunciaba las bendiciones que le esperaban a la antilla devastada. Prometió la protección a las propiedades de los isleños. De la siguiente explicación señalaremos cuan “grata” fue la protección de nuestros intereses y como nos bendijo esta gran nación “civilizada”.

Una de las primeras consecuencias económicas luego de la invasión fue el intercambio de la moneda. Esto conllevó un canjeo de 60 centavos de dólar por cada peso provincial que a su vez devaluó la precaria riqueza isleña. La devaluación y el empobrecimiento de los hacendados de la isla fue una ventaja para los Norte Americanos que podían adquirir terrenos a precios de especial. A su vez los hacendados no tenían dinero en efectivo para pagar a los pobres jornaleros que de por sí estaban mal pagados. La tragedia económica se convertiría en un melodrama con el paso del Huracán San Ciriaco y su devastación de los ya frágiles cafetales. El azúcar y el tabaco serían los protagonistas de la nueva economía colonial ya que eran los productos de interés en el mercado americano.

En el ámbito político, Washington controlaría la rama ejecutiva y judicial. Serían los responsables de nombrar “dedocráticamente” a los próximos líderes de la política isleña. La rama legislativa sería la única con relativa legitimidad para el pueblo puertorriqueño. Los conflictos eran una voz regular entre los dos grupos. Por un lado Estados Unidos subestimada la capacidad del pueblo puertorriqueño a gobernarse y lo atribuía a su falta de educación. Por el otro lado los puertorriqueños letrados reclamaban la seudo democracia que les había sido prometida al pueblo antes de ser invadida. Sin embargo la estructura colonial favorecía los intereses de la metrópoli y decidieron como toda conciencia paternalista reservar la libertad del país hasta nuevo aviso desde Washington. La Ley Foraker consolidó este dominio declarándonos ciudadanos puertorriqueños, sometidos a las leyes de cabotaje y nombrando nuestros gobernadores. Puerto Rico tenía todas las de perder. Para ellos éramos infantes ignorantes que necesitaban consejería. En nuestro caso la consejería tardaría 106 años y la historia continua. gobierno tardaría 19 años en “concedernos” la ciudadanía de Estados Unidos a través de la Ley Jones irónicamente el mismo año que los EEUU decidieron partir a jugar en la Primera Guerra Mundial y los puertorriqueños estarían cordialmente invitados a participar ahora que cargan consigo la ciudadanía aunque solo seríamos enviados a velar el canal de Panamá.

Por otro lado el gobierno incentivó la creación de escuelas y universidades desde 1903. El presupuesto que se proveyó favoreció este aumento en el acceso a la educación. No podemos olvidar que para la metrópoli éramos un infante sin conocimiento que necesitaba educación que tenía buenos puertos para el Navy. Esta era su obra filantrópica para ilustrar al pueblo y americanizarlo. La educación facilitaba el proceso de transición y manipulación. Se enseñaba inglés, se cantaba el “National Anthem” y se recitaba el “pledge allegiance”. Se introdujo la religión de los puritanos y arribaron monjitas irlandesas para enseñarles inglés. Paulatinamente se cambiaron las estructuras antiguas que habían dominado la cultura para emular a la “democrática” norteña.

Los primeros 30 años del dominio de EE.UU. estuvieron definidos por marcados contrastes. Por un lado los anexionistas, por otro los autonomista y los independentistas. Fueron anos de muchísimos conflictos políticos y económicos. Sin embargo surgiría una figura que cambiaría la política y definiría los nuevos pasos que habría de seguir el país. Luis Muñoz Marín revolucionaría las bases del engranaje colonial y la manera de hacer política en el país primero como senador y luego como el primer gobernador electo con una constitución propia. La plataforma del Partido Popular incluiría cambios drásticos en la política económica y social del país. Comenzaría implantando la ley de los 500 acres que estaba siendo violentada por compañías Americanas que poseían mas tierra de lo establecido por ley. Además distribuirían tierra, promoverían cooperativas y nuevas industrias. La modernización del país y de su infraestructura para proveer luz y agua a las zonas rurales de la isla que por tanto tiempo habían sido rezagadas. El partido y la persona que representaba Marín acaudalaron un seguimiento nacional e internacional impresionante. Con el gobierno de Tugwell, las reformas propuestas encontrarían una válvula de escape. Los experimentos hechos durante estos años cambiaron la realidad de maneras nunca antes experimentadas. Uno de los logros más contundentes fue la Ley de Tierrra de 1941. A través de esta ley se expropiarían las tierras de grandes compañías que tuviesen mas de 500 acres. Las tierras expropiadas se distribuyeron entre los desterrados o agregados en lo que se conoce como parcelas. Se crearon fincas familiares de 5-25 cuerdas y fincas de beneficio proporcional de 100-500 cuerdas. Sin embargo no se les entregó a los nuevos parceleros títulos de propiedad. Este detalle, en el futuro tendría consecuencias nefastas para el PPD. En 1964 perdieron las elecciones cuando el novato PNP prometió entregarles la titularidad a todos los parceleros.

La creación del ELA y la constitución proclamada en la ley 600 sentaron las bases de la mutante sociedad antillana. El país se encontrará inmerso en una de las diásporas internas más radicales de nuestra era. Con la caída de la industria del cafetal los habitantes de la montana se refugiaron en la costa dependiendo de la decadente industria azucarera y la resurgente industrialización que comenzó a devorar las antiguas estructuras sociales y económicas amparados bajo la Ley de Incentivos Industriales. Los desplazados se refugiaron en precarios arrabales hasta pasada la nueva ley que mencionamos anteriormente. La esperanza de los desposeídos era la disposición de esas grandes mentes a cambiar esa realidad de necesidad con un proyecto coherente como narrado en el discurso a la Universidad de Harvard por Luis Muñoz Marín;
Operación Manos a la obra—el derecho a la vida
Operación Estados Libre Asociado—el derecho a la libertad
Operación Serenidad—la búsqueda de la felicidad

Estas palabras nos rememoran el “Life, liberty and the pursuit of happiness” de la Declaración de Independencia de la metrópoli. He aquí la gravedad de nuestra situación estatutaria. Fundamos nuestro ideario de mundo sobre unas estructuras ajenas a la nuestra. El presente no parece augurar cambios metodológicos en la manera de hacer política. Nuestros políticos continúan repitiendo la retórica mimética de sus antecesores y como cantó una de nuestras bandas nacionales
“ hace falta ideas nuevas”. Todavía seguimos esperando ideas nuevas que surjan del númen de una gran Puertorriqueña(o) o de grandes puertorriqueños que osen convertirse en embajadores de un mundo de paz.
A fin de cuentas el final feliz esta en el poder de convicción de cada uno de nosotros. Ese final solo necesita un poco de inspiración, una chispa de motivación y un diluvio praxis y acción. La justicia es una ley Universal, esta en nosotros recordar que existe.

Tomás Blanco, Prontuario histórico de Puerto Rico, 6ta edición( San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, serie de biblioteca popular,1970) pg.44-45

Angel López Cantos, Los Puertorriquenos: mentalidad y actitudes (Siglo XVIII),1ra edición (Ediciones Puerto 2000)pp 131-134
2pp 165-166
3 Fernando Pico, Al filo del poder, 1ra edición, (EDUPR 1993) pp. 89-90
4 Francisco Scarano, Cinco Siglos de Historia, 2da Edición, (Mc Graw- Hill) pp. 456-458
5 Arturo Morales Carrión, P.R , A political and cultural history, (WW Norton and Company Inc.)pp 134

Salvaguardando Nuestra Artesanía (por Natalia Prats)

(Como parte del curso Cultura Puertorriqueña en el CEAPR tuvimos el privilegio de tener de orador invitado al Prof. Walter Murria Chiesa. Su visita me inspiró a escribir unas cuantas palabras sobre la situación actual de la artesanía puertorriqueña. Espero sea de su disfrute.)

La artesanía puertorriqueña es sin duda una de las expresiones más genuinas de la cultura puertorriqueña. Si definimos la cultura como la proyección de todo lo creado por nuestras ideas y nuestras manos, la artesanía es imprescindiblemente una de la más importante.
Sin embargo, por esta no contar con el aval académico de las instituciones más prestigiosas de nuestro país ha sido desplazada a rincones rurales donde solo pocos han tenido el privilegio de disfrutar de dicha arte. Ha sido la ardua labor de maestros artesanales y de promotores artesanales la que ha mantenido vigente estas manifestaciones artísticas de nuestros compatriotas, heredadas a través de las generaciones de antaño legándonos la responsabilidad de perpetuar sus obras.
Walter Murray Chiesa es uno de los perpetuadores de la cultura popular. A través de sus viajes insulares ha rescatado a nuestros genios artesanales para reivindicarlos ante el entorno que les proveyó su inspiración artística. Auspiciado por el Instituto de Cultura Walter se desplazó como curioso puertorriqueño a beber café entre los maestros.

Walter Murray Chiesa comienza su historia luego de la llegada de su padre, Eduardo Murray a Puerto Rico y su madre, natural de Manatí, Maria Luisa Chiesa. En los inicios de su vida profesional se desarrolla como maestro. Asumo que su experiencia como pedagogo le permitió reconocer con ojo avizor a maestros los maestros artesanos escondidos en jaldas lejanas. Comparte su vida hace 42 años con Nidia Fornes, su inquebrantable aliada. Aparte de ser arqueólogo, trabajó como director del Programa de Artesanos con el Instituto de Cultura por 10 años bajo el ala del aclamado arqueólogo puertorriqueño, Ricardo Alegría. Muchos de estos maestros artesanos no reconocían las aportaciones centenarias que estaban haciendo a través de sus creaciones. Para estos maestros, simplemente hacían lo que les habían enseñado a hacer sus antecesores. Sin embargo Walter les dijo: "" Eres un artista"". Es increíble ser artista sin saber que lo eres. Esos eran nuestros artesanos del mediados del siglo XX. Artistas que no sabían que eran artistas. No es hasta que el Instituto de Cultura, a través de Don Ricardo Alegría los declaran ""artistas del pueblo"".

Entre los artesanos que rescata Walter se encuentran hacedores de cabos de machete, tazas de hierro, talladores de santos, hamaqueros y muchísimos artistas de la cultura que yacían olvidados en algún rincón antillano de nuestra isla. Entre sus logros más significativos se encuentra declarar el mes del artesano, crear un mapa artesanal de P.R, conseguir fondos para becas a la Fundación Nacional de las artes y es miembro activo del comité artesanal de los EEUU. Ha logrado nominar a maestros artesanos al concurso de Herencia Nacional celebrado en Washington del que hemos sido ganadores en seis ocasiones. El distinguido Rafael Cepeda ha sido uno de los galardonados por sus bombas y panderetas y el último nominado fue el renombrado tallista de aves Elpidio Collazo.
Existen un sinnúmero de asuntos pendientes para desarrollar efectivamente el mundo artesanal. Por ejemplo, Walter intentó crear el Centro de Investigaciones Artesanales, desafortunadamente nuestros legisladores decidieron esconder a nuestros artesanos en un abarcador Centro de Investigaciones de las Artes Populares que no necesariamente le provee la atención a nuestros artesanos de la manera adecuada. Este centro incluye la música, la pintura y otras artes desplazando a los artesanos a un segundo plano.

En vez del gobierno proveer un ambiente prolifero para nuestros artesanos le crean trabas como la ley 345 del 18 de diciembre de 1999. Dicha ley le exige a nuestros artesanos pagar $10 y tener un extintor en todas sus exposiciones. Oscar Castellón, Presidente del Festival Nacional del Café en una entrevista hecha por Primera Hora declara que: “Es un golpe de muerte a la actividad artesanal”. Y debe serlo, ya que los únicos de nuestros artesanos que trabajan con material volátil son los orfebres. Según esta ley cuando vaya a una feria cada uno de los artesanos que veas sentado tendrá un extintor. ¿Cuán volátil puede ser una hamaca? O ¿Cuán flamable un dulce de coco? Estas son las cosas que pasan en nuestro país.

Existen otras leyes como la Ley 188 que enmendó la ley 120 que provee exenciones sobre arbitrios en maquinaria, equipo y herramienta exclusivas a su elaboración artesanal además de eximir de pagar arbitrios sobre vehículos. También existe la recién creada ley 458 del 2004 que le ordena al Departamento de Educación en colaboración con el Instituto de Cultura a ofrecer cursos de de artesanía puertorriqueña en las escuelas públicas como parte del programa de Escuela Abierta. Los cursos que se le exigen al Departamento como parte de sus ofrecimientos a la comunidad son talla de madera, instrumentos musicales, máscaras, juguetería, labores de aguja, joyería artesanal, hamacas, cerámica, cestería, trabajo en higuera, coco, bambú y otros relacionados. Aunque estas leyes parecen salvaguardar la actividad artesanal la misma es contradictoria con otras ya existentes como ley 345.

Sin embargo esto no es suficiente. Todavía caminamos por nuestra capital, en especial la zona más turística del viejo San Juan y no es fácil encontrar locales que promuevan nuestro acervo cultural. La mayoría de los productos que se venden son importados. Los turistas vienen a Puerto Rico para conocer nuestra cultura y se llevan una camisa “Made in China”.

Lo primero que tenemos que hacer es privilegiar a nuestros artesanos. La artesanía no puede ser una cosa de modas debe ser una presencia constante en nuestro entorno comercial. Si un turista viene, que se lleve de recuerdo un tallado hecho en P.R no en China. Favorecer las importaciones no favorece nuestra economía sólo favorece al que las importa que en muchas ocasiones no es ni de Puerto Rico. El capital ausentista parece ser nuestro pan de cada día.

Necesitamos crear no solo los espacios para nuestros artesanos sino promocionar a los mismos. Ser un promotor artesanal es necesariamente una vocación. En un reportaje hecho en Radio Universidad por Yaritza Cardona Mercado se establece la necesidad de tener reporteros especializados en la el trabajo artesanal. Carmen Leonor Rivera, la entrevistada, critica que la cobertura que se le hace a la artesanía se haga como si la misma fuera una novedad y no una expresión cultural. A su vez lo que se crea son espacios efímeros y de modas pasajeras. Lo que interesa es crear espacios donde los promotores artesanales trabajen en conjunto con los medios de comunicación para dar una presencia permanente y constante a nuestros artesanos. No servir de trabas como la burocracia gubernamental y reconocerlos como artistas del pueblo que son.

Un oído para la Música Puertorriqueña (por Natalia Prats)

La música es sin duda una de las manifestaciones culturales más destacadas de nuestro entorno caribeño. Los puertorriqueños nos hemos destacado en un sinnúmero de disciplinas de la música. Hemos sido entes protagónicos en el desarrollo de varios géneros de la música conocidos alrededor del mundo como la salsa, la bomba y plena, la danza y muchísimos otros géneros musicales que aún están desarrollándose. Dicen los sabios que “la música es el alma de los pueblos”.

La música desarrollada en la menor de las antillas mayores ha pasado por diversos momentos históricos. Podemos comenzar a hablar sobre nuestros Tainos y su música. Los Tainos, grupos aborígen de nuestra inmensa antilla tenía como parte de su cultura una diversidad de instrumentos que utilizaban en sus rituales y especialmente en sus areytos. Tenían diversidad de instrumentos como las maracas, sonajeras de caracoles y cajas de maderas con las que creaban los sonidos para perpetuar su historia a través de la música. De esta manera educaban a las futuras generaciones y mantenían vivo el legado de sus ancestros.

Con la llegada de los colonizadores se introducen una diversidad de géneros que provienen de la música que se manifestaba en las diversas villas, conocidos hoy como villancicos. Nuestro querido aguinaldo puertorriqueño proviene de los villancicos. El mismo se ha transformado en dos manifestaciones musicales:

1) El Canto Jíbaro o aguinaldo jíbaro
2) El villancico similar a los “Christmas Carols” de los EEUU

Nuestros villancicos integran elementos rítmicos negros, de claves y ritmos indoantillanos. Los mismos solicitan la protección divina del niño Jesús. Mucho de la letra evocan estas alabanzas. Ejemplo de estas líricas es la conocida conocida y cantada por nuestros niños comúnmente en las escuelas:

Alegria, Alegria, Alegria
Alegría, Alegría el placer
Que la virgen va de paso con su esposa
hacia Belén.

La música jíbara es sin duda una de las manifestaciones más genuinas de nuestra puertorriqueñidad. En uno de nuestros libros más autóctonos se encuentran las crónicas de Manuel Alonso donde se recopilan un sinnúmero de manifestaciones musicales autóctonas del siglo XIX. Entre los géneros mas destacados de la música campesina se encuentra el aguinaldo y el seis. Estos géneros se interpretan por trovadores que desarrollan sus líricas a través del pie forzado que se utiliza en el último verso de las décimas. Las aguinaldos de hoy, además de utilizar la guitarra española, es muy común el uso de nuestro cuatro,el tres y el tiple.

Por otro lado, nuestra herencia Africana tiene una influencia medular en el desarrollo de uno de nuestros mas preciados ritmos y bailes. La Bomba es sin duda una de las más candentes manifestaciones de nuestros genuinos sonidos puertorriqueños. La bomba tiene su particular desarrollo en nuestras costas, especialmente en las áreas de antiguas haciendas cañeras donde habitaban los grupos de ascendencia Africana como Loíza, Guayama, Ponce, Arroyo, Cangrejos y Mayagüez.

El instrumento predominante utilizado en la bomba son los tambores. Se construye con los barriles utilizados para hacer ron. Existen dos tipos de tambores: el buleador o primo y el seguidor. Las diversas regiones donde se practica la bomba demuestran diferentes estilos y toques. Por ejemplo, en el sur la mujer lleva la voz cantante. El profesor Emanuel Dufrasne establece que existen ocho sones de Bomba tales como guembe, leró, gracimá, holandé, calimbá, yubá, belén, cunya y ymaryanda.

El norte, liderado por el Maestro Rafael Cepeda se refiere a los toques como seises de bomba. Entre su repertorio de sones se encuentra el sicá y el paulé entre otros. El hombre o gallo canta mientras la mujer se le permite bailar. La mujer no toca los cueros ya que el cuero es representativo de la piel de un hombre y sería como si la mujer le estuviese dando a un hombre.
La bomba se insertó a la música popular a través de Rafael Cortijo y su combo. Al igual, la plena se asocia con los grupos más desventajados de las estratas sociales de la isla. Se cree que la plena nace en los arrabales aunque los ponceños la reclaman como suya. Las líricas son reflejo de la violencia y la marginación de tales poblaciones. “Mataron a Elena” es un crudo reflejo de la violencia que yacía entre estas comunidades. La plena se popularizó durante el 1920 cuando aun no se integraba el uso percusivo. Se utilizaba sin embargo la guitarra. El Canario y Rafael Hernández fueron uno de sus más importantes exponentes.

La salsa, por otro lado, se adoptó como delicioso manjar culinario en nuestro acervo musical. Esta es producto de la diáspora migrante que abandonó las costas caribeñas para costas frías y sombrías en el norte. La misma se nutre de los ritmos claves negros y el tumbao criollo. La salsa lleva en sus raíces la influencia de la danza y danzones caribeños. Para 1920 la guaracha y el bolero se habían adentrado en la música popular. Luego Rafael Cortijo comienza a experimentar con ritmos de bomba, especialmente el Sicá y la plena. A esos ritmos se le arriman la rumba, la guaracha, las cumbias, el son, aguinaldos, seises y otros. Hubo orquestas como el Gran Combo, Hector Lavoe, Ismael Rivera y otros definen el estilo de la salsa boricua creando una singular fusión que hoy se baila en todos los rincones del planeta.
Dicen que los países que no tienen música, no tienen alma. Si existe un denominador común entre todas las culturas del mundo es el desarrollo de una particular voz melódica. Es por esta razón que es de vital importancia continuar desarrollando la música de los pueblos y en este caso de la nación puertorriqueña. Tengo que compartir que una de la experiencia más alentadora de mis sábados en la mañana, caminando por las aceras de mi viejo San Juan a las nuevas generaciones recibiendo cursos de cuatro por el Instituto de Cultura. A través de estas actividades mantenemos nuestra cultura y nuestra música viva. Sigamos tocando, sigamos cantando que la música es de los pueblos con alma.

¿Revitalizar para los que nos olvidaron? (por Natalia Prats)

El ser existe en espacios. Espacios temporales, espacios migratorios, espacios conformados, espacios deformados. Sea cual sea el espacio habitado u olvidado, queda el mismo sodomizado por el tiempo y por el destiempo. Figura en nuestro acervo espacial un sinnúmero de conglomerados uniformes que nuestra pragmática sociedad ha optado habitar. Casas geométricamente lineales, absortas y cimentadas en su nueva realidad urbana.

Apasionada por las figuras asimétricas, encorvadas, no habituales y complejas, siento gran admiración por antiguos espacios, hoy cementados como arcaicos estorbos para la sociedad. Cubiertas por sabandijas, palomas, y pinturas descuartizadas. Adefesios, como algunos optan llamarlos. Hemos olvidado la necesidad de esos balcones continentales, donde conversaban familias sobre su devenir. Quizás recuerdan esos techos de zinc emulando las pirámides aztecas, siempre queriendo alcanzar lo divino. Llueve y la sinfónica de gotas parlotea durante el sueño del jíbaro. En la falda de la cornisa, unas losetas pequeñas recuerdan ese legado moro colorido e ilustrado.

Santurce, antes conocido como San Mateo de Cangrejos, es una de esas joyas olvidadas. Santurce era espacio de cimarrones negros y libertos bomberos. Perseguidos por los pudientes de Miramar y Condado que no soportaban el cuero de los buleadores y del gallo que cantaba las penas de negro. Quisimos llevarlos lejos. Construimos teatros, casas de encuentro, Universidades Sagradas e iglesias inmaculadas. Los botamos pal caño, pa Loíza y pal barrio del obrero. Quisimos olvidar las yaguas y las paredes flácidas. Quisimos olvidar la necesidad intrínseca del ser humano de caminar sobre aceras espaciosas. Cambiando el ejercicio del pequeño órgano en el centro de nuestro pecho por él ejercicio del exceso y la velocidad.

Es de entender, en una isla huracanada, el cemento parece ser el aliado indefinido de lo estable. Así es como “Ponce Cement” se inmiscuye en nuestra cotidianidad para legarnos sus sabias edificaciones de cemento con el propósito de un “mejor futuro”. Claro está, los grandes y pequeños “investers” ni miran la belleza que esconden esas estructuras por ser de madera o por tener zinc sobre sus techos. Algunas otras de cemento abandonadas al oblivio y a las tempestades de nuestro clima boricondino. Es así como fraguamos la cultura del desparrame y las casas repetidas. Similar a ciertos individuos de nuestras sociedades que parecen clones mamando de la teta capitalista con la misma y repetida estética digerible.

Hoy hablan los grandes de revitalizar. ¿Qué pasa, el dominicano no tiene vida? ¿El pobre obrero que construirá el nuevo edificio, no necesita un techo? ¿Revitalizamos para los que olvidaron a Santurce? Y el que le ha vivido, ¿no merece un techo decente? Debemos comenzar a repensar la sociedad que fraguamos. Revitalizar casas y edificios de intereses sociales en Santurce que sean accesibles para todos debe estar entre las propuestas del gobierno. En Santurce hay una comunidad. Una comunidad boricua, dominicana, asiática y sobre todo humana. Esta amalgama de culturas renueva y contribuye al desarrollo de la diversidad. La comunidad debe ser parte del proceso formativo de “revitalización” de nuestro casco urbano.

No podemos permitir la renovación a través del desplazamiento. Una acción como éta es como limpiar un zapato con estiércol. La auto-gestión no es posible sin el apoyo de los grupos gubernamentales que tienen los conocimientos y el presupuesto para facilitar tales movimientos regenerativos. Un gobierno efectivo es un gobierno representativo. ¿A quiénes representan nuestros líderes en esta era de trivialización?

Una sociedad efectiva se monta sobre un conglomerado eficiente, holístico e integrador. Tenemos la oportunidad de tener una ciudad integradora. Creando talleres como “Una calle a la vez”, en el cual se propone pintar y embellecer, a través de donaciones por parte de compañías privadas y gubernamentales y la facilitación de artículos necesarios para poder llevar a cabo obras de embellecimiento. Con la ayuda de diferentes grupos voluntarios y comunitarios podemos lograr estos cambios. A su vez, esto contribuye a la psiquis y autoestima de los individuos que conforman nuestra sociedad. Podemos acabar con el adefesio de los edificios y los hogares olvidados. Con el apoyo e iniciativa de grupos que tengan los recursos, podemos hacer de Santurce, sus áreas limítrofes y Puerto Rico un lugar habitable y hermoso para todos. Aunemos nuestros esfuerzos por el porvenir de nuestra sociedad.